Decía Kiko Veneno...Lo mismo, te echo de menos, lo mismo... que antes te echaba de más.
En este fin de semana navideño he echado mucho de menos y es por eso que hoy escribo con nostalgia. No hay remedio, mi ánimo está, como el tiempo, a -5.
Echo de menos a mis primos. Cuando éramos unos mocosos nos veíamos todos los días, ibámos al mismo colegio, después merendábamos (en su casa o en la mía), estudiábamos en la academia de inglés, pasábamos los fines de semana jugando, nos zurrábamos de vez en cuando y vivíamos a dos calles. Ahora tengo: a dos en murcia, a una en Inglaterra y a la última en Rivas Vaciamadrid (que me parece que está más lejos que The United Kingdon). Los veo, con suerte, una vez al año. Ya nunca merendamos bocatas de nocilla, especialmente porque tenemos que entrar en los pantalones, y también porque unos estamos trabajando y otros dando de merendar a sus criaturas (como pasan los años…). La única que sabe inglés es la única que nunca estudio en la academia y ya, no nos zurramos... aunque, con lo que estoy contando, esta claro que deberíamos.
En navidades me da por recordar tantos años escuchando (y cantando) cortylandia (su casa estaba a dos metros, o tres), las mañanas de reyes enseñándonos los regalos en la Plaza de las Descalzas, los maxilibros de pintar que Melchor dejaba en nuestras casas y que eran más grandes que nosotros, las barriguitas, las plastidecor…, las fotos de aquellos maravillosos años y alguna más reciente de cierta nochebuena (irrepetible) en que la mayor de la tribu nos juntó a la familia al completo a cenar … Son recuerdos que están guardados en un rincón de mi corazón y que nunca saldrán de ahí porque, haciendo honor a una de esas películas que habré vistos con mis primos doscientas veces, todavía tienen que arrancarme muchas “sonrisas y lágrimas”.
En este ambiente nostálgico inevitablemente vuelvo a echar de menos a mi padre. Que no voy a escribir “nena tira de la cadena (2ª parte)”, pero si de echar de menos se trata, hay que hablar de Don José Ramón y claro, como soy un poco masoquista, me acabo de terminar el libro “Las cosas que no nos dijimos”. Para no fastidiar a nadie solo diré que trata de una chica que el día en el que iba a casarse tiene que enterrar a su padre, con el que no se hablaba desde hacía 20 años, sin embargo, la “literatura” le da una segunda oportunidad a ella y a mi casi me arruina a kleenex. Yo lo que le hubiera dado es un buen tortazo, por mema.
Pero, para mí, el mejor día en estas fechas es mi cumpleaños. A mi me trajo Papa Noel con un poco de retraso y nací a las 10 de la mañana de cierto 26 de Diciembre. Hacía un par de años que no lo pasaba en España y, por tanto, no tenía la oportunidad de apagar las velas en familia. Ayer pude hacerlo de nuevo y, la verdad, lo echaba de menos. Me encantó tener al cuñao, la hermanísima, el sobrinísimo y la mamma mia cantándome en la oscuridad el “cumpleaños feliz”. También tuve a mi chico que, como le prometí invitarle a todo por ser mi día, no se separó de mí ni un momento… (que noooo, que es broma). Sin embargo, alguien me falto en este día, alguien que estaba de viaje, alguien a quien desde hace ya algunos años no pierdo de vista con frecuencia, alguien que si estuvo en mis excursiones navideñas de años anteriores, me faltó mi amiga. Y, por supuesto, la eché de menos.
Asi que volviendo al principio… os deseo que en estas navidades, echéis más de más, que de menos. Suena un poco complicado, pero es un buen consejo…
“Si tu no te das cuenta de lo que vale
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape
lo que más querías.”
Kilo Veneno
En este fin de semana navideño he echado mucho de menos y es por eso que hoy escribo con nostalgia. No hay remedio, mi ánimo está, como el tiempo, a -5.
Echo de menos a mis primos. Cuando éramos unos mocosos nos veíamos todos los días, ibámos al mismo colegio, después merendábamos (en su casa o en la mía), estudiábamos en la academia de inglés, pasábamos los fines de semana jugando, nos zurrábamos de vez en cuando y vivíamos a dos calles. Ahora tengo: a dos en murcia, a una en Inglaterra y a la última en Rivas Vaciamadrid (que me parece que está más lejos que The United Kingdon). Los veo, con suerte, una vez al año. Ya nunca merendamos bocatas de nocilla, especialmente porque tenemos que entrar en los pantalones, y también porque unos estamos trabajando y otros dando de merendar a sus criaturas (como pasan los años…). La única que sabe inglés es la única que nunca estudio en la academia y ya, no nos zurramos... aunque, con lo que estoy contando, esta claro que deberíamos.
En navidades me da por recordar tantos años escuchando (y cantando) cortylandia (su casa estaba a dos metros, o tres), las mañanas de reyes enseñándonos los regalos en la Plaza de las Descalzas, los maxilibros de pintar que Melchor dejaba en nuestras casas y que eran más grandes que nosotros, las barriguitas, las plastidecor…, las fotos de aquellos maravillosos años y alguna más reciente de cierta nochebuena (irrepetible) en que la mayor de la tribu nos juntó a la familia al completo a cenar … Son recuerdos que están guardados en un rincón de mi corazón y que nunca saldrán de ahí porque, haciendo honor a una de esas películas que habré vistos con mis primos doscientas veces, todavía tienen que arrancarme muchas “sonrisas y lágrimas”.
En este ambiente nostálgico inevitablemente vuelvo a echar de menos a mi padre. Que no voy a escribir “nena tira de la cadena (2ª parte)”, pero si de echar de menos se trata, hay que hablar de Don José Ramón y claro, como soy un poco masoquista, me acabo de terminar el libro “Las cosas que no nos dijimos”. Para no fastidiar a nadie solo diré que trata de una chica que el día en el que iba a casarse tiene que enterrar a su padre, con el que no se hablaba desde hacía 20 años, sin embargo, la “literatura” le da una segunda oportunidad a ella y a mi casi me arruina a kleenex. Yo lo que le hubiera dado es un buen tortazo, por mema.
Pero, para mí, el mejor día en estas fechas es mi cumpleaños. A mi me trajo Papa Noel con un poco de retraso y nací a las 10 de la mañana de cierto 26 de Diciembre. Hacía un par de años que no lo pasaba en España y, por tanto, no tenía la oportunidad de apagar las velas en familia. Ayer pude hacerlo de nuevo y, la verdad, lo echaba de menos. Me encantó tener al cuñao, la hermanísima, el sobrinísimo y la mamma mia cantándome en la oscuridad el “cumpleaños feliz”. También tuve a mi chico que, como le prometí invitarle a todo por ser mi día, no se separó de mí ni un momento… (que noooo, que es broma). Sin embargo, alguien me falto en este día, alguien que estaba de viaje, alguien a quien desde hace ya algunos años no pierdo de vista con frecuencia, alguien que si estuvo en mis excursiones navideñas de años anteriores, me faltó mi amiga. Y, por supuesto, la eché de menos.
Asi que volviendo al principio… os deseo que en estas navidades, echéis más de más, que de menos. Suena un poco complicado, pero es un buen consejo…
“Si tu no te das cuenta de lo que vale
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape
lo que más querías.”
Kilo Veneno