martes, 28 de diciembre de 2010

Echar de menos

Decía Kiko Veneno...Lo mismo, te echo de menos, lo mismo... que antes te echaba de más.

En este fin de semana navideño he echado mucho de menos y es por eso que hoy escribo con nostalgia. No hay remedio, mi ánimo está, como el tiempo, a -5.

Echo de menos a mis primos. Cuando éramos unos mocosos nos veíamos todos los días, ibámos al mismo colegio, después merendábamos (en su casa o en la mía), estudiábamos en la academia de inglés, pasábamos los fines de semana jugando, nos zurrábamos de vez en cuando y vivíamos a dos calles. Ahora tengo: a dos en murcia, a una en Inglaterra y a la última en Rivas Vaciamadrid (que me parece que está más lejos que The United Kingdon). Los veo, con suerte, una vez al año. Ya nunca merendamos bocatas de nocilla, especialmente porque tenemos que entrar en los pantalones, y también porque unos estamos trabajando y otros dando de merendar a sus criaturas (como pasan los años…). La única que sabe inglés es la única que nunca estudio en la academia y ya, no nos zurramos... aunque, con lo que estoy contando, esta claro que deberíamos.

En navidades me da por recordar tantos años escuchando (y cantando) cortylandia (su casa estaba a dos metros, o tres), las mañanas de reyes enseñándonos los regalos en la Plaza de las Descalzas, los maxilibros de pintar que Melchor dejaba en nuestras casas y que eran más grandes que nosotros, las barriguitas, las plastidecor…, las fotos de aquellos maravillosos años y alguna más reciente de cierta nochebuena (irrepetible) en que la mayor de la tribu nos juntó a la familia al completo a cenar … Son recuerdos que están guardados en un rincón de mi corazón y que nunca saldrán de ahí porque, haciendo honor a una de esas películas que habré vistos con mis primos doscientas veces, todavía tienen que arrancarme muchas “sonrisas y lágrimas”.

En este ambiente nostálgico inevitablemente vuelvo a echar de menos a mi padre. Que no voy a escribir “nena tira de la cadena (2ª parte)”, pero si de echar de menos se trata, hay que hablar de Don José Ramón y claro, como soy un poco masoquista, me acabo de terminar el libro “Las cosas que no nos dijimos”. Para no fastidiar a nadie solo diré que trata de una chica que el día en el que iba a casarse tiene que enterrar a su padre, con el que no se hablaba desde hacía 20 años, sin embargo, la “literatura” le da una segunda oportunidad a ella y a mi casi me arruina a kleenex. Yo lo que le hubiera dado es un buen tortazo, por mema.

Pero, para mí, el mejor día en estas fechas es mi cumpleaños. A mi me trajo Papa Noel con un poco de retraso y nací a las 10 de la mañana de cierto 26 de Diciembre. Hacía un par de años que no lo pasaba en España y, por tanto, no tenía la oportunidad de apagar las velas en familia. Ayer pude hacerlo de nuevo y, la verdad, lo echaba de menos. Me encantó tener al cuñao, la hermanísima, el sobrinísimo y la mamma mia cantándome en la oscuridad el “cumpleaños feliz”. También tuve a mi chico que, como le prometí invitarle a todo por ser mi día, no se separó de mí ni un momento… (que noooo, que es broma). Sin embargo, alguien me falto en este día, alguien que estaba de viaje, alguien a quien desde hace ya algunos años no pierdo de vista con frecuencia, alguien que si estuvo en mis excursiones navideñas de años anteriores, me faltó mi amiga. Y, por supuesto, la eché de menos.

Asi que volviendo al principio… os deseo que en estas navidades, echéis más de más, que de menos. Suena un poco complicado, pero es un buen consejo…

“Si tu no te das cuenta de lo que vale
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape
lo que más querías.”

Kilo Veneno

martes, 21 de diciembre de 2010

Su contraseña, por favor

Hoy he vuelto a la cruda realidad de mi "yo proletaria", solo hacía falta teclear control +alt+ sup y escribir la piiiiii contraseña para chocarse contra una pared de 574 mails sin leer. Se acabaron las vacaciones y llegó el momento de volver a la vida real. He conseguido relajarme tanto que dudaba si seria capaz de volver a juntar unas letras con otras y escribir algo que tuviera sentido, y es que una cuando se pone en OFF se piensa que su mente se ha reseteado, pero no. La verdad es que no se me habían olvidado ni las 35 contraseñas que necesito para acceder a los diferentes programas, aplicaciones, documentos... del trabajo (que cuente a mi favor, que las treinta cinco contraseñas son igualitas... jejeje, eso es seguridad informática).

Ya os conté que me iba a Lanzarote pero lo que no conté (porque no me lo creía) es que iba a pasar unos días tomando el sol, tirada en la arena... Cuando estaba, hace dos días escasos, allí, mirando al mar y al cielo azul, pensaba ¿cuántas canciones se habrán escrito sobre el mar y su brisa, su olor, su color...?. Pensaba eso porque yo en la playa (si no tengo una colchoneta...) tengo la costumbre de engancharme a los cascos y sumergirme en el agua mirando al horizonte. A veces se me va tanto la cabeza que me descubro bailando un poco y todo... En fin, no juzguéis y no digáis nunca jamás, que yo conocí a una que se reía mucho de mi pasión por las colchonetas y cuando probó hizo el mayor descubrimiento de su vida. Volviendo al tema, supongo que canciones, habrá millones, pero como es normal en mí, se me venía a la cabeza aquella que cantaban mis hombres g y que decía "veo jugar a los niños abajo en la playa, andan descalzos y mojan sus pies en el agua..."

Pues si, allí estaba yo con cuatro suertudos más, esparcidos por la playa, mirando como un niño jugaba en la orilla. Estuvo el chaval más de una hora tirando piedrecillas desde la orilla e intentando superar su propia marca y no había padre que lo moviese de allí (por mucho que lo intentó). Ese chico sabe lo que es disfrutar de la vida, a mi consiguió inspirarme. De repente, me dio un ataque y subí todo lo rápido que pude (sin correr eh!, correr caca) a la habitación del hotel a por mi libreta y mi boli (que una es fan de la tecnología pero, hoy por hoy, el portátil se queda en casa cuando me voy de vacaciones) y volví a bajar (rapidito pero sin pasarme) para tirarme en la arena y escribir frente al mar. Estaba a tope y quería contarle muchas cosas a mi cuaderno, así que empecé a escribir como si estuviera poseída. Escribí hojas y hojas, taché, cambié el orden, corregí las faltas (es lo que tiene la emoción) y así se me fue el sol y llegó la luna, Puede que esta emoción tan exagerada se tradujese en un magnifico constipado para la llegada a Madrid, pero en Madrid y a menos "nosecuantos" grados a quien le iba a importar estar constipada. A mi no.

No esperéis que os vaya a transcribir mis emocionadas notas playeras, porque os recuerdo que estaba en off y, claro, al releerlas he pensado... menos mal que no me llevo el portátil a la playa, que mis queridos lectores se iban a pensar que la que escribe había perdido el norte, el sur, el este y el oeste. Sin embargo, si me apetecía contaros que este momento existió y que fue maravilloso vivirlo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Ojo por ojo...

Hace tiempo que no escribo porque he estado en esa etapa pre vacacional en la que te falta tiempo hasta para respirar. Si, además, lo unimos a que (para variar) en mi empresa hemos tenido cambios organizativos, puedo decir que los últimos días han sido de infarto y que, esta vez, mi ausencia por este blog no tiene nada que ver con mi “inspiración”.

Sin embargo, ya estoy en plenas vacaciones. Tanto mi chico como yo, teníamos dos semanas y, afortunadamente, decidimos invertir la primera en nuestra casa. Digo afortunadamente porque (cruzo los dedos, por si acaso) parece que el asunto “huelga de los controladores” no nos va a afectar. Nosotros teníamos planes para hacernos un superviaje, pero finalmente, y por temor a pasar unos días en alguna terminal de algún lugar, hemos decidido dejarlo en un miniviaje.

Pienso en todas esas personas a las que se les han fastidiado las vacaciones y me entran ganas de llorar, creo que no hay indemnización que pueda pagar algo así. Me da igual lo que reclamen los controladores y si se lo merecen o no, eso si, yo por la jugarreta que hicieron el viernes a todo aquel que se disponía a viajar para disfrutar del puente, ajeno completamente a los asuntos de los señores controladores, les multaba con un año enterito sin un puñetero día de vacaciones, junto con la prohibición de volar en un avión durante otro año más... Ojo por ojo y con intereses.

Puesto que la suerte me acompañó y todavía no había cerrado mi viaje cuando empezó el asunto este, esperé hasta que terminara el puente para ver si se tranquilizaba todo y ayer, por fin, contraté mis vacaciones. No voy a decir el día que salgo de viaje, no vaya a ser que algún controlador aterrice de chiripa en este blog y vaya a fastidiar mis planes por culpa de mis sugerencias sobre su futuro, pero si voy a decir que me voy y, además, voy a añadir que donde me voy es a la playa, es decir, a mi sitio favorito en el mundo mundial.

No quiero despedirme sin dar alguna explicación mas sobre el asunto “afortunadamente decidí invertir una semana en mi casa”. Y es que gracias a los controladores, este tiempo ha estado invertido mejor que si lo hubiese perdido tirada en el suelo del aeropuerto de Barajas y desquiciada de los nervios, pero, eso si, un consejo para los amigos: “nunca dediquéis unas vacaciones a pintar vuestra casa, es mucho mejor llamar a Benito y Manolo”.

Y ahora si me despido con un video ilustrativo de mi situación actual. ¡No os lo perdáis! Así me siento hoy.