jueves, 30 de septiembre de 2010
Nena, tira de la cadena
Muchas noches sueño con mi padre. Entre los dos siempre hay un muro, metafóricamente hablando, que nos separa, por ejemplo, el llama a la puerta y yo no consigo abrirla o estamos en habitaciones separadas y la casa se separa y vuela por los aires de manera que no nos podemos alcanzar o yo voy en un coche que conduce otro y de repente, le veo por la calle, pero no podemos parar... Para analizar lo que trama mi subconsciente no necesito un psicólogo. El mensaje es claro, le echo de menos.
Cuando era pequeña mi padre fue mi guardería, el me cuidaba en casa mientras mi madre trabajaba. Me enseño a leer, a hablar, a jugar a las cartas y a cocinar. El fue mi primera infancia, me llevaba a pasear por las calles, a buscar a mi madre al trabajo, a comprar su mantequilla favorita (sibarita de nacimiento) y a muchos sitios mas. El me compró el regalo más emocionante de mi vida, mi primera guitarra, pero lo que nunca olvidaré es que me juró que se había encontrado con Melchor y se la había dado para mi. Me compró mi primer reloj, dejándome elegir el mas hortera de la tienda y también me enseñó a aprovechar el tiempo.
Cuando yo era pequeña mi padre trabajaba en casa. Editaba y dirigía el anuario de la aristocracia y disfrutaba mucho con ello. Las letras eran su pasión y le interesaba mucho la historia de los apellidos, tanto que cambió los suyos y los de toda mi familia. También escribía sobre otros temas aunque nunca llego a publicar nada, pero quedan folios, cuartillas y cuadernos con muchos de sus pensamientos.
Cuando yo era pequeña, mi padre se murió. Yo tenía 7 años recién cumplidos y mi mente se bloqueó una mañana cuando vi a mi madre gritando y zarandeándo a mi padre en la cama. Pocos minutos después mi hermana me rescató y nos fuimos a casa de mis primas unos días. En esos años yo estaba acostumbrada a ir a casa de mis primas si mi padre se ponía malito, pero también estaba acostumbrada a volver y que el estuviera allí. Sin embargo, esta vez no volvió. Tardaron muchos días en contarme que se había ido al cielo, mi madre no se sentía capaz. Luego me toco a mi ser capaz de encajarlo y, la verdad, me está costando unos cuantos años...
Me dejó sus pensamientos escritos, sus chistes, sus manías y alguna que otra cosa más. Quedaron sus gorras y su sombrero, le encantaba taparse la cabeza. Quedó su maletín con sus sellos y sus quinielas. Quedaron las cartas de amor de cuando le escribía a mi madre. Quedaron sus libros. Quedó su abono del real Madrid, forofo empedernido. Quedo una camiseta de rayas que le encantaba ponerse en la playa. Quedaron sus fotos de los buenos y de los malos tiempos, guapo, feo, flaco o gordo y sonriente casi siempre. Quedaron sus cuadros mal pintados pero apasionados siempre. Y quedó un estuche de casettes grabadas con su voz, cintas en las que leía textos, contaba cuentos, hablaba con mi hermana o con mi madre o grababa programas de la tele comentados por él. Entre esas cintas encontré una que se titulaba "nena, tira de la cadena".
No recuerdo la primera vez que la escuché, pero nunca olvidaré esa frase, porque esa frase me la dijo a mi. Esa frase es la única que podré escuchar y escuchar mil millones de veces de mi padre dirigiéndose a mi, y yo, cada vez que le de al play, siempre repetiré en alto... "ya voyyyy".
miércoles, 29 de septiembre de 2010
Castigados
Me pregunto si esta moda de castigar a pensar tiene tanta ciencia como esa de que a la hora de dormir, tienes que dejar a tu hijo llorar 5 minutos y luego 12 minutos y… bueno, puedes acercarte 17 segundos y mirarle 8, pero no caigas en su trampa y no te atrevas a abrazarle porque, en ese caso, estarás perdido. No he visto ni la portada y, tengo que reconocer la exageración que le he puesto a mi síntesis, pero es que odio el maldito libro ese. Lo odio profundamente.
A mi pedirle a un pequeñaj@ que piense me parece una chorrada y a pesar de que por alguna extraña razón esta acción consiga que el niño aparte la mirada y se ponga muy serio, lamento informarles a esas madres que, yo creo que ese niño no está pensando.
Así que, aunque la moda en cuestión de educación está relacionada con “pensar”, lo que me complace enormemente es observar que lo que nos emociona ver a todos es, precisamente, que no lo hagan. ¿O no?.
http://www.youtube.com/watch?v=9Tk3C37u7qw&feature=related
Frases hechas
Hoy, por varios motivos que sería aburrido relatar, he dicho varias veces (que conste al lector que ha sido en diferentes conversaciones) una expresión que sin saber porqué uso mucho… “me iría al quinto pino” y ahora en frío, aparte de hacerme gracia, he pensado que para mi tatarabuelo eso sería lo más parecido a coger el desvío hacia La Coruña y no parar. Por no quedarme con la curiosidad lo he buscado en google y resulta que la expresión "el quinto pino" viene del siglo XIX en Madrid, que era, obviamente, una ciudad mucho más pequeña que ahora, donde entonces la calle más grande era el Paseo del Prado, a lo largo del cual había plantados cinco pinos dejando una cierta distancia entre uno y el siguiente. Llegar al quinto pino suponía ir a las afueras de la ciudad, a la zona más alejada, de ahí que la expresión signifique ir muy lejos. Lo que no me he parado a buscar en Internet, pero si me he preguntado a mi misma es ¿y, qué haría después?.
Obviamente la respuesta me lanza de cabeza a “un pozo sin fondo” del que tengo pocas probabilidades de salir sin perjudicar mi salud mental, por lo que he preferido dejar de pensar.
jueves, 23 de septiembre de 2010
"Aniceto, el vencecanguelos"
Estoy convencida de que en nuestra infancia todo el mundo hemos sufrido alguna crueldad de este tipo, bien por tu nombre, o por tu apellido, bien por tu físico o por yo que se que. Pero estas “crueldadades”, a día de hoy, se me antojan graciosas. Me encantaría tener un compañerito de trabajo (de esos que caen bastante mal) que se llamara Aniceto y, de vez en cuando, soltarle la gracia… ¡Que te meto, Aniceto!.
En cualquier caso y volviendo al tema, estoy segura que no he olvidado el libro en cuestión porque también me gustaba la idea de “vencer canguelos”. Así es la vida, la que escribe, siempre ha sido bastante miedosilla.
Esta noche mi chico se ha ido de cena de trabajo y, la verdad, he de decir que no aprendí nada de Aniceto porque, a mis treinta y cuatro añazos, me sigue sin molar nada la idea de dormir SOLA EN CASA.
martes, 21 de septiembre de 2010
¿Siglo XXI?
Sin embargo, aunque me molesta no tener tele y, me digan lo que me digan, ni mi chico, ni yo, nos vamos a poner, mientras nos tomamos la tortilla, a leer "Cien años de soledad" (por mucho que nos guste), lo que mi mente adaptada al siglo XXI no alcanza a comprender es como en cuatro días, con sus 96 horas, el presidente de la comunidad de vecinos no ha conseguido que venga un antenista a mi casa y nos arregle la tele.
Como soy una mujer que me gusta vivir en armonía con mis vecinos, no he llamado al timbre del señor presidente, ni pienso hacerlo. Pero como llevo un año con problemas con la antena del tdt, ayer decidí que se iban a acabar y que iba a unirme al mundo de la televisión digital. Y entonces, llamé al 1004 para contratar imagenio. Pues bien, hablando del siglo XXI, el cual hasta donde yo creía, se caracteriza por el avance en la digitalización, por la venta rápida y telefónica, por la generación de experiencias en los clientes... descubrí que, en este siglo, es posible llamar por teléfono a "ex telefónica" y no conseguir oír (ni escuchar) al teleoperador (por una supuesta incidencia técnica), hablar con 6 personas (sin exagerar) con la intención de comprar algo y que ninguno te lo venda y, eso si, chocarme de bruces con una experiencia, como cliente, inolvidable: la total ausencia de sentido común que reina en la mencionada empresa.
Me explico, la razón por la que no pude contratar imagenio es porque actualmente tengo el paquete "dúo: llamadas + adsl" que nos lo paga la empresa de mi chico y si yo quiero imagenio no me lo pueden cobrar aparte. La única solución posible es que me lo pague la empresa y yo le pague a la empresa. Pero todo esto tan sensato esta muy bien empaquetado con un lazo en forma de mi nombre con un Doña delante, mencionado unas 40 veces y un mensaje alentador con el que me recibió cada agente que decía... "me comprometo a buscar la mejor solución a sus necesidades".
En fin, señores de Digital Plus, aprovechen el momento y... FORRENSE!
Perder el tren
Hoy, cuando estaba a unos 200 metros del tren, han empezado a sonar esos malditos pitiditos que te anuncian, de forma inminente, que vas a perder el tren y entonces he tenido que tomar una decisión, correr o no correr. Siendo consecuente con mi promesa de no vivir deprisa y teniendo en cuenta la posibilidad de caerme y quedarme sin dientes, he decidido no correr. Por eso, mientras espero el siguiente, estoy aprovechando para escribir esta reflexión.
Pero, como tampoco pretendo engañar a nadie, debo reconocer que mi decisión no estaría nunca, ni cercana, al otro extremo de esta imaginaria línea. ¿Qué puedo decir? No me gusta correr.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Viviendo deprisa
La mayoría de los lunes cuando vengo de camino al trabajo pienso... "otra semanita, a ver si se pasa rápido y llega el finde". Pero hoy, me he sorprendido pensando que aun quería correr más ya que tengo ganas de que pasen las próximas dos semanas a la velocidad de la luz. Esto es por dos razones, la primera porque tengo preparada una escapada de playa que me muero de ganas y la segunda porque en el curro tendremos nuevas incorporaciones y empezaremos a respirar.
Sïn embargo, mientras tarareaba la cancioncita que cantaba Alejandro Sanz hace ya casi 20 años y que inevitablemente se me había venido a la cabeza "he malgastado mis fuerzas, viviendo deprisa", y gracias a una película que he visto el finde, me he chocado con un pensamiento más fuerte y poderoso, el famoso "carpe diem" y por eso, he decidido que hoy no iba a malgastar el día e intentaría disfrutarlo.
Ya veremos!.
domingo, 19 de septiembre de 2010
El reto
He tenido varios intentos de escribir una novela, pero siempre frustados porque yo soy más de relato corto y cuando siento la necesidad de contar algo no necesito hacerlo en 300 páginas, soy fan de la eficiencia. Pero lo peor de todo es que últimamente, solo escribo mails; me di cuenta hace dos días mientras hablaba con mi mejor amiga que ya sólo escribo mails y la mayoría de trabajo. Por supuesto, yo empecé a defenderme con una larga lista de “esques” pero ella me retó, recordándome a mi querido profesor de redacción periodística, a que intentara escribir algo todos los días aunque fuera breve y a ver hasta donde llegaba.
Tras pensarlo durante todo el fin de semana he decidido ACEPTAR EL RETO.