martes, 28 de diciembre de 2010

Echar de menos

Decía Kiko Veneno...Lo mismo, te echo de menos, lo mismo... que antes te echaba de más.

En este fin de semana navideño he echado mucho de menos y es por eso que hoy escribo con nostalgia. No hay remedio, mi ánimo está, como el tiempo, a -5.

Echo de menos a mis primos. Cuando éramos unos mocosos nos veíamos todos los días, ibámos al mismo colegio, después merendábamos (en su casa o en la mía), estudiábamos en la academia de inglés, pasábamos los fines de semana jugando, nos zurrábamos de vez en cuando y vivíamos a dos calles. Ahora tengo: a dos en murcia, a una en Inglaterra y a la última en Rivas Vaciamadrid (que me parece que está más lejos que The United Kingdon). Los veo, con suerte, una vez al año. Ya nunca merendamos bocatas de nocilla, especialmente porque tenemos que entrar en los pantalones, y también porque unos estamos trabajando y otros dando de merendar a sus criaturas (como pasan los años…). La única que sabe inglés es la única que nunca estudio en la academia y ya, no nos zurramos... aunque, con lo que estoy contando, esta claro que deberíamos.

En navidades me da por recordar tantos años escuchando (y cantando) cortylandia (su casa estaba a dos metros, o tres), las mañanas de reyes enseñándonos los regalos en la Plaza de las Descalzas, los maxilibros de pintar que Melchor dejaba en nuestras casas y que eran más grandes que nosotros, las barriguitas, las plastidecor…, las fotos de aquellos maravillosos años y alguna más reciente de cierta nochebuena (irrepetible) en que la mayor de la tribu nos juntó a la familia al completo a cenar … Son recuerdos que están guardados en un rincón de mi corazón y que nunca saldrán de ahí porque, haciendo honor a una de esas películas que habré vistos con mis primos doscientas veces, todavía tienen que arrancarme muchas “sonrisas y lágrimas”.

En este ambiente nostálgico inevitablemente vuelvo a echar de menos a mi padre. Que no voy a escribir “nena tira de la cadena (2ª parte)”, pero si de echar de menos se trata, hay que hablar de Don José Ramón y claro, como soy un poco masoquista, me acabo de terminar el libro “Las cosas que no nos dijimos”. Para no fastidiar a nadie solo diré que trata de una chica que el día en el que iba a casarse tiene que enterrar a su padre, con el que no se hablaba desde hacía 20 años, sin embargo, la “literatura” le da una segunda oportunidad a ella y a mi casi me arruina a kleenex. Yo lo que le hubiera dado es un buen tortazo, por mema.

Pero, para mí, el mejor día en estas fechas es mi cumpleaños. A mi me trajo Papa Noel con un poco de retraso y nací a las 10 de la mañana de cierto 26 de Diciembre. Hacía un par de años que no lo pasaba en España y, por tanto, no tenía la oportunidad de apagar las velas en familia. Ayer pude hacerlo de nuevo y, la verdad, lo echaba de menos. Me encantó tener al cuñao, la hermanísima, el sobrinísimo y la mamma mia cantándome en la oscuridad el “cumpleaños feliz”. También tuve a mi chico que, como le prometí invitarle a todo por ser mi día, no se separó de mí ni un momento… (que noooo, que es broma). Sin embargo, alguien me falto en este día, alguien que estaba de viaje, alguien a quien desde hace ya algunos años no pierdo de vista con frecuencia, alguien que si estuvo en mis excursiones navideñas de años anteriores, me faltó mi amiga. Y, por supuesto, la eché de menos.

Asi que volviendo al principio… os deseo que en estas navidades, echéis más de más, que de menos. Suena un poco complicado, pero es un buen consejo…

“Si tu no te das cuenta de lo que vale
el mundo es una tontería
si vas dejando que se escape
lo que más querías.”

Kilo Veneno

martes, 21 de diciembre de 2010

Su contraseña, por favor

Hoy he vuelto a la cruda realidad de mi "yo proletaria", solo hacía falta teclear control +alt+ sup y escribir la piiiiii contraseña para chocarse contra una pared de 574 mails sin leer. Se acabaron las vacaciones y llegó el momento de volver a la vida real. He conseguido relajarme tanto que dudaba si seria capaz de volver a juntar unas letras con otras y escribir algo que tuviera sentido, y es que una cuando se pone en OFF se piensa que su mente se ha reseteado, pero no. La verdad es que no se me habían olvidado ni las 35 contraseñas que necesito para acceder a los diferentes programas, aplicaciones, documentos... del trabajo (que cuente a mi favor, que las treinta cinco contraseñas son igualitas... jejeje, eso es seguridad informática).

Ya os conté que me iba a Lanzarote pero lo que no conté (porque no me lo creía) es que iba a pasar unos días tomando el sol, tirada en la arena... Cuando estaba, hace dos días escasos, allí, mirando al mar y al cielo azul, pensaba ¿cuántas canciones se habrán escrito sobre el mar y su brisa, su olor, su color...?. Pensaba eso porque yo en la playa (si no tengo una colchoneta...) tengo la costumbre de engancharme a los cascos y sumergirme en el agua mirando al horizonte. A veces se me va tanto la cabeza que me descubro bailando un poco y todo... En fin, no juzguéis y no digáis nunca jamás, que yo conocí a una que se reía mucho de mi pasión por las colchonetas y cuando probó hizo el mayor descubrimiento de su vida. Volviendo al tema, supongo que canciones, habrá millones, pero como es normal en mí, se me venía a la cabeza aquella que cantaban mis hombres g y que decía "veo jugar a los niños abajo en la playa, andan descalzos y mojan sus pies en el agua..."

Pues si, allí estaba yo con cuatro suertudos más, esparcidos por la playa, mirando como un niño jugaba en la orilla. Estuvo el chaval más de una hora tirando piedrecillas desde la orilla e intentando superar su propia marca y no había padre que lo moviese de allí (por mucho que lo intentó). Ese chico sabe lo que es disfrutar de la vida, a mi consiguió inspirarme. De repente, me dio un ataque y subí todo lo rápido que pude (sin correr eh!, correr caca) a la habitación del hotel a por mi libreta y mi boli (que una es fan de la tecnología pero, hoy por hoy, el portátil se queda en casa cuando me voy de vacaciones) y volví a bajar (rapidito pero sin pasarme) para tirarme en la arena y escribir frente al mar. Estaba a tope y quería contarle muchas cosas a mi cuaderno, así que empecé a escribir como si estuviera poseída. Escribí hojas y hojas, taché, cambié el orden, corregí las faltas (es lo que tiene la emoción) y así se me fue el sol y llegó la luna, Puede que esta emoción tan exagerada se tradujese en un magnifico constipado para la llegada a Madrid, pero en Madrid y a menos "nosecuantos" grados a quien le iba a importar estar constipada. A mi no.

No esperéis que os vaya a transcribir mis emocionadas notas playeras, porque os recuerdo que estaba en off y, claro, al releerlas he pensado... menos mal que no me llevo el portátil a la playa, que mis queridos lectores se iban a pensar que la que escribe había perdido el norte, el sur, el este y el oeste. Sin embargo, si me apetecía contaros que este momento existió y que fue maravilloso vivirlo.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Ojo por ojo...

Hace tiempo que no escribo porque he estado en esa etapa pre vacacional en la que te falta tiempo hasta para respirar. Si, además, lo unimos a que (para variar) en mi empresa hemos tenido cambios organizativos, puedo decir que los últimos días han sido de infarto y que, esta vez, mi ausencia por este blog no tiene nada que ver con mi “inspiración”.

Sin embargo, ya estoy en plenas vacaciones. Tanto mi chico como yo, teníamos dos semanas y, afortunadamente, decidimos invertir la primera en nuestra casa. Digo afortunadamente porque (cruzo los dedos, por si acaso) parece que el asunto “huelga de los controladores” no nos va a afectar. Nosotros teníamos planes para hacernos un superviaje, pero finalmente, y por temor a pasar unos días en alguna terminal de algún lugar, hemos decidido dejarlo en un miniviaje.

Pienso en todas esas personas a las que se les han fastidiado las vacaciones y me entran ganas de llorar, creo que no hay indemnización que pueda pagar algo así. Me da igual lo que reclamen los controladores y si se lo merecen o no, eso si, yo por la jugarreta que hicieron el viernes a todo aquel que se disponía a viajar para disfrutar del puente, ajeno completamente a los asuntos de los señores controladores, les multaba con un año enterito sin un puñetero día de vacaciones, junto con la prohibición de volar en un avión durante otro año más... Ojo por ojo y con intereses.

Puesto que la suerte me acompañó y todavía no había cerrado mi viaje cuando empezó el asunto este, esperé hasta que terminara el puente para ver si se tranquilizaba todo y ayer, por fin, contraté mis vacaciones. No voy a decir el día que salgo de viaje, no vaya a ser que algún controlador aterrice de chiripa en este blog y vaya a fastidiar mis planes por culpa de mis sugerencias sobre su futuro, pero si voy a decir que me voy y, además, voy a añadir que donde me voy es a la playa, es decir, a mi sitio favorito en el mundo mundial.

No quiero despedirme sin dar alguna explicación mas sobre el asunto “afortunadamente decidí invertir una semana en mi casa”. Y es que gracias a los controladores, este tiempo ha estado invertido mejor que si lo hubiese perdido tirada en el suelo del aeropuerto de Barajas y desquiciada de los nervios, pero, eso si, un consejo para los amigos: “nunca dediquéis unas vacaciones a pintar vuestra casa, es mucho mejor llamar a Benito y Manolo”.

Y ahora si me despido con un video ilustrativo de mi situación actual. ¡No os lo perdáis! Así me siento hoy.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Errare humanum est

Me cuesta reconocer mis errores, sobre todo, cuando no se pueden demostrar. La suerte me ha acompañado y he conseguido que desaparezcan las pruebas del delito, pero… no es bonito, así que he decidido ser honesta y hablar sobre el tema. Sin embargo, el titular lo pongo en latín porque parece que disimula un poco o, al menos, queda más chic.

Pues si, he “errado”. Y es que, releyendo mis entradas a este blog, me he encontrado un par de errores gramaticales graves. ¡Horribilis, horribilis!.

Yo que soy una psicópata del lenguaje y que parezco la niña del exorcista cuando veo faltas de ortografía, siempre paso el corrector ortográfico a mis post, pero claro, el corrector en cuestión no es infalible y, a veces, no detecta una “h” de más, o de menos.

Dicho esto, claro está que en este blog, he encontrado una h de más y una h de menos, aunque no voy a decir donde estaban las erratas porque, como os decía al principio, afortunadamente, ya no están (que maravilla esto de la edición). Pero eso si, aunque una escribe a las horas que escribe, no tengo justificación, por lo que pido disculpas al que se haya chocado con ellas y haya sufrido. Me voy a castigar a mi misma.

Precisamente, hace pocos días, participaba en un debate casual sobre el tema del lenguaje y las palabras que se incorporan al diccionario simplemente porque el pueblo las usa. Por supuesto, expresaba tajante mi malestar ante este hecho. Y es que a mi me parece una aberración que nuestro diccionario haya aceptado palabras como “arrascar” o “médica” y, en consecuencia, jamás las utilizaré para nada que no sea protestar por su existencia. Aggggg!.

Ya me estaba poniendo yo bastante nerviosa de pensar que ahora, que se acercan estas fechas navideñas, tendré que aguantar las típicas conversaciones sobre los regalos navideños que me convierten en la muñeca diabólica. Me explico, no puede soportar que alguien me diga, cuente o comente que tiene que ir a “descambiar” un regalo. Esa palabra me saca de mis casillas y siempre contesto endemoniada “¿qué demonios es descambiar?, ¿será cambiar, no?”. No me podéis decir que la palabrita no tiene delito… ¡suena fatal!. Pues atención a lo que sigue…

Resulta que cuando estábamos en este debate tan entretenido, visitamos la página web de la RAE y buscamos la palabra en cuestión, a ver si con un poco de suerte no existía, para acabar descubriendo que resulta que “descambiar” existe y, en contra de mis pensamientos, si que significa algo (¿¿¿????). Es un sinónimo de “destrocar”, es decir, deshacer el trueque o cambio.

Por tanto, si consideramos que las compras navideñas son un trueque en el que se intercambia dinero por regalos; cuando este año alguien me diga, me cuente o me comente, que tiene que “descambiar” algo, yo me tendré que morder la lengua y cerrar la boca con todas mis fuerzas, porque si no lo hago, estaré “errando” otra vez.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Maldita actualidad

Siento asco, repulsión, pena, indignación, nauseas, repugnancia, vergüenza ajena, amargura... En fin, que me supera el tema.

Es muy triste que tenga que existir un día para la lucha contra la violencia de género. ¡¡¡Ojalá quede obsoleto!!!

Es horrible que exista la violencia de género.

Un hombre que maltrata a una mujer, no es un hombre, es una mierda.

Poco más que decir, la verdad. Sobre este tema me molesta hablar pero, como existe y no soy de mirar hacia otro lado, lo que quería decir, lo he dicho.

Digo no a la violencia.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nadal Parera, Rafael



Comenzaba el verano del 96 cuando yo estaba en plenos exámenes finales. Se acercaba el examen de redacción periodística y mi mayor temor no era precisamente averiguar si sería capaz de distinguir las características de una columna, un editorial o un reportaje. Lo que me aterraba era la práctica sobre actualidad, porque la actualidad eran los deportes “de las narices”. La actualidad eran las olimpiadas de Atlanta, el final de la liga (que no se como se llamaba entonces) y lo peor, lo más temido: el Torneo de Rolland Garros.

No veía escapatoria posible, la actualidad me iba a machacar, porque yo no podría comentar esos temas ni aunque me hicieran un trasplante de cerebro. ¡No tenía ni idea!. Quizás de las olimpiadas podría haber dicho algo y de futbol, pues.... también, pero ¿tenis?... me imaginaba yo un artículo escandaloso “Al tenis se juega con raquetas. Que bonitas son las raquetas que llevan los tenistas al Rolland Garros, con sus cuerdas bien estiradas....” En fin… un desastre.

Recurrí a una de mis mejores armas, el noble arte de “pedir favores”. Me presenté delante de mi amigo Josema (mi complemento perfecto: el sabía de deportes todo lo que yo no) ¿qué hubiera sido del uno sin el otro en aquellos tiempos? y le dije algo así… “vamos a cambiarnos un poquito los papeles y hoy, me tienes que salvar el pellejo tú a mi. Me vas a escribir tres articulitos bien documentados y argumentados sobre estos tres temitas y luego los vas a borrar de tu mente, por si caen en el examen, ya que yo, me los voy a aprender como un papagayo. POR FAVOR”.

Recuerdo que Josema los escribió (eso es un amigo) y yo (tras retocarlos un poquito y adaptarlos a un estilo más mío, es decir, con tildes y comas) me los aprendí; pero no recuerdo si me los pusieron en el examen… juro que no lo recuerdo.

El caso es que hoy, que me disponía yo a hablaros de deportes, me he acordado de esta anécdota y es que cualquiera, que me conozca un poquito, no se creería que hubo un tiempo en que yo no sabía lo que era Rolland Garros. Sin embargo, lo hubo. Pero es que entonces, no participaba el monstruo del tenis, ya que el muchacho aún no tenía edad. Me refiero, POR SUPUESTO, a Rafa Nadal.

Pues bien, esta mañana, en mi lectura del periódico matinal, me ha sacado de mis casillas un periodista que titulaba su artículo, sobre el partido de Rafa de ayer, con el siguiente texto: “Rafa Nadal despierta a tiempo”. Agggggggggg… Vamos a ver, señor periodista, ¿me puede decir usted cuando se había dormido Rafa Nadal?. Esto de que hay que impactar con los titulares me lo sé yo desde hace mucho, pero… por favor, señor periodista, tonterías, las justas. ¿No aprobaría usted aprendiéndose artículos de memoria que le escribiese otro, no?.

Pues no, queridos lectores, Rafa Nadal no se durmió en el partido. Estuvo épico, como siempre. Se fue creciendo según avanzaba el partido, como casi siempre (a veces, va crecido desde el principio), se peleó un poquito con el saque de Roddick (226 Km/h) y venció porque fue el mejor. Y no vayáis a pensar que no soy objetiva porque tengo un dato que lo demuestra: es el nº 1.

Por cierto, hoy ha recibido el premio por ello. ¡Enhorabuena campeón!


martes, 23 de noviembre de 2010

Con calma...

Hace ya seis años que me compré mi vivienda habitual y me fui a vivir a ella con ya sabéis quien: el que no tenía castillo. Y la cuestión es que hasta hace muy poco esta vivienda, para mí, era un espacio. Un espacio que cumplía mis mínimos imprescindibles…

1- Una cocina completa, es decir, con todos los electrodomésticos y utensilios que se hayan inventado (o estén en pruebas) para facilitar (o evitar) las tareas domésticas. Por cierto, el robot de cocina no está lo suficientemente logrado (que no os engañen), no te recibe con la mesa puesta (ni luego la quita). Alguien debería invertir en mejorarlo.
2- Dos baños. Vale, ya se que somos dos en casa, pero me explico. Quiero tener mi baño porque la que escribe, en su infancia, he llegado a compartir baño hasta con 7 personas y eso marca (marca mogollón).
3- Un dormitorio básico. No hace falta que cumpla las condiciones del feng shui, ni de la física cuántica, porque normalmente cuando estoy en el dormitorio duermo, y cuando duermo, ya se encarga mi subconsciente de decorar mis sueños.
4- Dos televisiones (irrenunciable). Yo nunca (jamás en la vida) deseo ver la liga española (ahora del BBVA), ni la inglesa, ni la de 3ª regional, ni la UEFA, ni la Champion League… (mejor voy a resumir) ni ninguna liga. Ni tampoco tengo interés alguno en los resúmenes de las ligas, ni en el día antes, ni en el día después…. Por eso, en estos momentos tan “pelotudos” lo mejor es “tu al “salón” y yo al dormitorio” y así, la felicidad reina en mi hogar.

¿He dicho “salón”?. Esto es lo que tiene ponerse literaria… en realidad, tendría que haber hablado de mi “salita”, es decir, habitación pequeñita, con su sofacito, su mesita, su bibliotequita y, por supuesto, su televisioncita. Y es que la realidad es que, mi vivienda habitual, nunca ha sido mi prioridad. A mi lo que me gustaba era utilizarla (cero sentimientos) y salir de ella (siempre que podía) para irme a recorrer mundo. Soñaba con que el día en que me interesase por ella, me iría a El Corte Inglés, al Rincón del Decorador o como se llame y le diría al dependiente, aquí tiene el plano de mi salón, en dos días quiero unas propuestas.

Y es que a mi eso de comprar lámparas, jarrones, cuadros, vitrinas, figuritas, alfombras… etc, nunca me ha parecido una buena forma de invertir mi tiempo. Quizás por eso, el tiempo ha ido pasando y el salón de mi casa (o mejor dicho, la habitación destinada a ser salón) se ha convertido en un glamoroso trastero. Y es que, como buena madrileña, soy chula, chula… y no me supera ni un vecino. Tengo el mejor trastero de la comunidad. Cualquier día me llaman los del programa ese de ¿Quién vive ahí? para el reportaje del siglo.

El caso es que no se si será por culpa del no uso del feng shui, por la física cuántica o por Freud, pero mis sueños se quedaron atrapados en el subconsciente, y ahora que quiero comprarme un salón ha tenido que ser el consciente el que se ha ido esta tarde a recorrer tiendas de muebles con metro y calculadora en mano. Sin embargo, me lo he pasado muy bien, especialmente, cuando uno de los chicos que me ha atendido me ha dicho “estas cosas hay que pensárselas bien, tómeselo con calma”. Le he mirado y le he dicho, “tu tranquilo, que con calma me lo estoy tomando”…

jueves, 18 de noviembre de 2010

Tremendo documento

Llevo tres semanas haciendo caso omiso al documento del que voy a hablaros hoy. Cuando lo recibí por primera vez lo leí, me reí un rato y lo envíe a la papelera de reciclaje. No se me ocurrió ni comentarlo, ni mucho menos remitirlo a nadie, pero cuando hoy ha llegado a mi correo por enésima vez, me he dado cuenta que el documento provocar interés, provoca, por lo que he decidido expresar mi opinión al respecto. Y es que hay días como ayer, que me iría al pasado sin pensarlo, y otros días, como hoy, que me alegro de vivir en el siglo XXI.

Aquí esta, os presento la guía para la buena esposa… http://www.youtube.com/watch?v=mGLNOF95v_Q

¿Cómo se os queda el cuerpo? Como diría una amiga mía “se me ponen los pelos como escarpias”. Y es que, como la que escribe no se ha casado, quizás está falta de formación, pero como soy esposa en funciones, tengo algunas cositas que decir, aunque voy a ir por partes:

1. Ten lista la cena. Esta es una forma de dejarle saber que has estado pensando en él y que te preocupan sus necesidades. La mayoría de los hombres están hambrientos cuando llegan a casa. Lo lamento, no tengo ni idea de si mi marido llega hambriento a casa porque él llega antes que yo. Descartado.

2. Luce hermosa. Retoca tu maquillaje, ponte un listón en el cabello y luce lo mejor posible para él. Recuerda que ha tenido un día duro y solo ha tratado con compañeros de trabajo. ¿Perdón? Esta insinuando que necesito maquillaje para lucir hermosa. El listón no me lo puedo poner, no sé lo que es. Y, por cierto ¿qué ha pasado con sus compañerAs?...

3. Se dulce e interesante. Su aburrido día de trabajo quizá necesite mejorar. Tu debes hacer todo lo posible por mejorarlo. ¿Interesante? No se yo si voy a ser capaz.

4.Arregla tu casa. Haz una última ronda por las principales áreas de tu casa, justo antes de que tu marido llegue. Levanta libros, juguetes, etc. Y limpia con un plumero las mesas. (prestar atención a la foto de este punto, es increíble). Por cierto, ¿la última ronda????, ¿cuántas hay que hacer?...

5. Hazlo sentir en el paraíso. Después de todo, cuidar de su comodidad te hará sentir una enorme satisfacción personal. Que guay! Mañana lo pruebo.

6. Prepara a los niños. Este me lo salto, de momento, no tengo que preocuparme por esto…

7. Minimiza el ruido. A la hora de su llegada apaga lavadora, secadora y aspiradora e intenta que los niños estén callados. A mi me parece mucho mejor que las encienda él, podré soportar el ruido y seguro que me provocará una enorme satisfacción personal.

8. Procura verte feliz. Regálale una gran sonrisa y muestra sinceridad en tu deseo de complacerlo. ¿Ahora me llama mentirosa? Este hombre (porque seguro que el autor es un hombre) es mi ídolo.

9. Escúchalo. Déjalo hablar antes, recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos. ¿Y si está viendo el futbol qué hago?. ¿Le acompaño y grito los goles?.

10. Ponte en sus zapatos. No te quejes si llega tarde, si va a divertirse sin ti o si no llega en toda la noche. Trata de comprender su mundo de compromisos. Esta me ha convencido, me pongo los zapatos y me voy yo toda la noche.

11. No te quejes. Cualquier problema tuyo es un pequeño detalle con lo que el tuvo que pasar. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…Que me ahogo… Sin comentarios.

Moraleja: Una buena esposa siempre sabe cual es su lugar. La gran frase viene acompañada con foto de una mujer con su aspiradora. ¿Será una indirecta?...

Esto debía ser de la época en la que los príncipes azules venían con caballo blanco y con castillo, pero ¿qué puedo decir?. Yo me quedo tan contenta con mi hipoteca, que esto no lo firmo, ni por un castillo.

Para que os lo toméis con humor, os dejo esta canción antes de irme. http://www.youtube.com/watch?v=3Tk5Sk7pLq0

miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿Quien es?

Esta mañana mientras iba a trabajar he recibido tres llamadas en el móvil, he leído el correo, he contestado cuatro mails y he mandado un mensaje. Obviamente, hoy estaba más despierta de lo habitual y, por eso, cuando he terminado me ha quedado tiempo para pensar un rato y concluir que el móvil es un invento espectacular.

¿Cómo es posible que en algún momento de mi vida haya ido yo por todas partes sin mi móvil? ¿Podría vivir ahora sin él?... pues bueno, poder, podría, porque el aparato en cuestión no se puede considerar un bien de primera necesidad, es decir, no me moriría sin móvil, ahora bien, todo sería bastante más complicado.

Haciendo un ejercicio de memoria y unos cuantos cálculos mentales (aunque no rápidos) me he dado cuenta que he vivido más años sin un móvil pegado a mí, que al revés, e incluso se me han venido a la cabeza, en un ataque de romanticismo mañanero, muchos momentos vividos de aquellos maravillosos años.

He recordado tiempos en los que salía del colegio a toda velocidad para plantarme delante del teléfono (fijo) y adueñarme de él en plan recepcionista, para evitar que esa línea comunicara cuando llamara el supuesto príncipe azul que tuviera en mente en ese momento y para, inmediatamente después, llamar yo a mis amigas para contarlo todo. He recordado cuando llegaba la factura del teléfono y me caían las broncas del siglo, momento en el que yo soñaba con ser una ejecutiva agresiva que pudiera llamar por teléfono a todas horas sin que nadie tuviera que pagar mis facturas (hay que fastidiarse las cosas que sueña una a veces). Sin embargo, ahora (x años después, que no me voy a poner a contarlos) me comprometo a no usar el teléfono, si alguien se brinda a pagarme las facturas. Pero todas, por favor.

He recordado las colas en la cabina de la esquina de la playa del Cura, lugar donde mi madre me tenía que llevar a regañadientes a veranear, para llamar al que finalmente si fue mi príncipe azul, aunque apareció sin caballo blanco y sin castillo (y entonces tuvimos que firmar una hipoteca). He parado un momento para pensar que ahora mi madre ya no tendría que hacer ningún esfuerzo para llevarme a la playa. ¡Que hija tan tonta era yo!.

También he recordado con cierta nostalgia cuando se respondía al teléfono diciendo “¿quién es?” y la incertidumbre momentánea te hacía temblar de emoción. Claro que, ahora no espero las llamadas con emoción, y no precisamente porque ahora sepa quien esta al otro lado… Más bien porque no me imagino emocionándome pensando ¿será un proveedor?, ¿será mi madre?, ¿será mi jefa?, ¿será mi príncipe azul sin caballo blanco?...

En fin, esto de que la vida avance tan rápido como la tecnología no me termina a mi de convencer, porque es verdad que me cuesta imaginarme la vida sin móvil, pero no me costaría nada vivir una vida sin hipoteca, sin facturas que pagar, creyendo en príncipes azules con caballo + castillo y llamándoles desde la cabina de la playa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

He dicho

Esta semana me desmotivé un poco con esta aventura de escribir porque, de repente, se me coló en este espacio un anónimo que escribió un comentario un poquito desagradable. Me tuvo dos días pensando como actuar. La que escribe, defiende firmemente la libertad de expresión y por eso permití “libertad” en los comentarios, además, sabía a lo que me arriesgaba publicando en Internet pero, cuando leí el comentario del anónimo en cuestión, no podía parar de pensar en mis “lectores” y en que no me apetecía nada que en este espacio hubiese algo que provocase malestar.

El comentario, obviamente, estaba escrito por alguien que no tiene, precisamente, cariño por los fumadores y que intentando ser “gracioso/a” era bastante desagradable, haciendo alusiones a nichos o cámaras de gas. Por tanto, después de pensarlo mucho, decidí eliminarlo y después, me quedé tan contenta restringiendo los comentarios y evitando a los anónimos. Al fin y al cabo, dejar poner comentarios en tu blog a cualquiera es lo mismo que dejar la puerta abierta de tu casa, así que tampoco me consideréis una fan de la censura, que DE ESO NADA.

Sin embargo, me ha dado pena.

Me ha dado pena porque me encanta que exista pluralidad de opiniones y me gusta debatir. No pienso, en absoluto, que mis opiniones representen verdades absolutas y, si las expreso, me parece perfecto que alguien me lleve la contraria. Eso si, espero, como mínimo, que quien lo haga, aporte argumentos o, al menos, lo haga de buenas formas.

Y, quiero subrayar el asunto de las formas porque es ahí donde, para mi, esta la diferencia. Claro que, muchas veces en la vida, me han dicho que me paso de diplomática y que debería “enseñar los dientes” de vez en cuando, pero para hablaros de esto, necesitaría más de un post, mucho más, casi me atrevo a decir que sobre ese tema, hasta podría escribir un libro. Así que no me voy a dispersar más y voy a concluir, dejando constancia en este espacio, que si alguna vez elimino un comentario de este blog no será porque este en contra de mis opiniones ,sino porque yo siempre pensaré que lo importante no es lo que se dice, sino cómo se dice, y si se dice mal, no será aquí donde se diga.

domingo, 7 de noviembre de 2010

El lamentable destino del fumador español

Anoche salí de cena con mi chico y unos amigos, fuimos a un sitio muy chulo y recomendable que se llama Teatriz. Es un antiguo teatro convertido en restaurante y bar de copas. De forma que después de cenar, puedes tomarte una copa en la barra, situada en el antiguo escenario.

Aunque soy la única fumadora de este cuarteto, mis compañeros de cena fueron buenos conmigo y cenamos en la sala de fumadores. Agradezco profundamente que éste, no fuera en uno de esos sitios donde esta zona es un cubículo diminuto, cerrado a cal y canto, en los cuales entrar da cierta grima, y es que una es fumadora pero tiene cierta necesidad (irrenunciable) a respirar con facilidad, por lo que prefiere no fumar que encerrarse en un cenicero gigante. Estuvimos allí entre la cena y la sobremesa tres horitas y me fumé exactamente dos cigarritos (no creo yo que sea para quemarme en la hoguera, pero bueno).

Después nos bajamos al escenario a tomarnos una copa y fue ahí donde descubrí el lamentable destino que nos espera a los fumadores españoles. No se podía fumar. Me parece perfecto que no se pueda fumar en las oficinas, en los hospitales, en lugares para niños e, incluso en restaurantes, ya que entiendo perfectamente que a la gente mientras come le puede molestar el tabaco, pero, sinceramente, no entiendo que no se pueda fumar en un bar de copas. Es muy triste que si quieres fumar te tengas que salir a la calle y esconderte en una esquina (donde, por cierto, te pueden confundir con otra cosa). Y es que puestos así, casi prefiero que prohíban el tabaco, pero ¿por qué si el tabaco es legal, me colocan un imaginario cartel en la frente de “apestada”?. Intereses económicos y políticos, quizás... ¡¡¡Me sienta fatal!!!.

En definitiva, que la que escribe no se va a poner en la esquina de un bar a fumar sola y además en un par de meses, a lo mejor tampoco me dejan… por eso tengo que elegir, irremediablemente, entre las siguientes opciones:
- Aguantar como una jabata hasta llegar a la republica independiente de mi casa.
- Tomarme las copas en la republica independiente de mi casa.
- Dejar de fumar y, ya de paso, reducir mi riesgo de morir porque ya hace años que las autoridades sanitarias me advierten que fumar mata.

Sin embargo, siendo consciente de la realidad de este país, la mejor opción va a ser escribir a Belén Esteban y pedirle que deje de luchar por la legalización de la marihuana y se centre en conseguir bares de copas donde nos permitan fumar nicotina.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Soy naranja

Cada día me gusta más el mundo del marketing y es que me fascina la imaginación que derrochan los creativos de nuestra época. Esta mañana iba yo en el tren, leyendo la prensa (medio dormida) y, si bien es cierto que la primera noticia que recibía en el día me ha sorprendido (un titular a cuerpo 38 “el 43% de los españoles esta satisfecho con su salario"), he de decir que cuando he buscado la página donde desarrollaba el artículo, me he chocado con la página paralela y me he olvidado de indagar sobre ese 43% que tanto me había llamado la atención.

La cuestión es que tenía delante una página completa teñida de naranja que decía “la maravillosa pulsera naranja”, y entonces, me he despertado.

Me he despertado y me he puesto de los nervios, que si no me lo puedo creer, que si como engañan a la gente, que si hay que fastidiarse que chorradas... etc, pero, no se porqué, he seguido leyendo y me he encontrado lo siguiente:
Con esta pulsera no tendrá más equilibrio
Ni más fuerza y, por supuesto, tampoco podrá levitar.
Ni correr más rápido.
Ni aumentar su capacidad respiratoria
Pero con ella podrá conseguir el viaje de sus sueños y magníficos regalos.
Entre en soynaranja.com

Ya despierta del todo y casi llorando de risa he pensado... ¿qué demonios será esto? y es que eso de asociar el color naranja a una marca ya no es tan fácil, ahora hay muchos naranjas sueltos por el mundo: Orange, Bankinter, la mejornaranja.com… etc. Pero no, tenían que ser ING, los de la cuenta naranja, los que utilizaban un banco naranja en el parque para decirnos que eran un banco (naranja), los de Matias Prats (que hubiera estado genial verlo vestido con un traje naranja), los de los silbiditos y los de… “ya lo sabíaaaa”. Y es que esta gente (sepa el lector que no tengo acciones, que una no tiene capital para invertir) sabe llegar al público, y, por eso, los envidio, porque son originales, divertidos y llaman la atención.

En conclusión, yo cuando sea mayor quiero ser naranja y, ya que estamos, quiero estar satisfecha con mi sueldo.

A mis nuevos lectores...

Con estilo hollywudiense (madre mia lo que he escrito, como me pillen en la RAE me mandan al exilio) pero plagiando a Lina Morgan, quería dejar constancia de un mensaje para mis nuevos lectores.

AGRADECIDA Y EMOCIONADA...
SOLAMENTE PUEDO DECIR
GRACIAS POR VENIR!!!


martes, 2 de noviembre de 2010

Vuelta al cole

Como estudiante he tenido una vida llena de altibajos. Los de mi generación estudiábamos aquello que se conocía como EGB, donde nuestras primeras calificaciones se repartían entre Progresa Adecuadamente, Necesita Mejorar o Destaca. Si no recuerdo mal, yo solía ser una estudiante de progresa adecuadamente (es decir, del montón), aunque algún destaca tuve y, si, lo reconozco, también algún necesita mejorar…

Luego llegarían las calificaciones de niña mayor, desde el muy deficiente hasta el sobresaliente, y yo que, según los test que nos hacían en el cole, era una “vaga pero inteligente” me aficioné a los “muy deficientes” hasta que me harté de pasar veranos estudiando. Esto pasaría concretamente en 6º de EGB, cuando se acercaban las vacaciones y yo tenía unos cuantos exámenes finales a los que presentarme. Recordé que el verano anterior me lo había pasado entre el libro de lenguaje y el de sociales y dije… “nunca más”, así que decidí hincar los codos y aprobé todo (téngase en cuenta que tenía fuerzas en reserva después de tantos años haciendo el vago).

Desde entonces, cambié y me volví estudiosa (que no empollona). Porque viendo que me había funcionado bien aquel sprint final de 6º de EGB, me aficioné a vivir “al límite” todos los años de estudiante de mi vida. Así que fueron años de aprobar a base de palizas de última hora y de muchas noches sin dormir, con muuuucho café (hasta que se inventó el red bull). De la selectividad, mejor no hablo.

Donde si daba la talla y me dejaba mis energías era en los trabajos. Me encantaba investigar, esforzarme en la presentación y, sobre todo, ser diferente (bueno lo que quería, en realidad, era ser la mejor, que tengo, de vez en cuando, mi ramalazo competitivo). Recuerdo con mucho cariño un trabajo en equipo, en bachillerato, que iba sobre la guerra del golfo pérsico, y lo recuerdo porque, cambió mi vida, pues la que escribe estaba empeñada en estudiar ciencias (más concretamente, farmacia), que no me preguntéis porqué, pero yo de mayor quería vender ibuprofenos. Y, de repente, esté trabajo llegó a mi vida. No se si la idea fue mía, pero la cuestión es que lo presentamos en formato telediario, y lo que si sé es que, hice de cámara, de reportera, de presentadora, de redactora, de productora y de directora (aunque con ayuda, por supuesto). Mis amigas y yo nos colamos en unas obras en Madrid y nos convertimos en corresponsales de guerra, y, como ya estará imaginando el lector, así descubrí mi vocación: había nacido para informar.

Y si, informar, de algo informo, pero nadie me paga por ello (todavía), porque la vida da muchas vueltas y, en una de ellas, una empresa se cruzó en mi vida, cuando aún no había terminado de estudiar, y me dio la oportunidad de hacer cosas que consiguieron entusiasmarme por lo que ahí sigo, dejándole el camino libre a Sara Carbonero (entre otras) y, curiosamente, volviendo a estudiar, aunque ahora ya no estoy para sprints....

Por eso hoy, que me he sentido como a los 16 años (no tenía un espejo delante, obviamente) entre apuntes, bolis y subrayadores, he recordado todo esto y he querido compartirlo.

domingo, 31 de octubre de 2010

Que nadie calle mi verdad

Esta tarde es una de esas que, con inspiración o no, lo mejor que puedo hacer es ponerme a escribir. Una tarde gris y lluviosa en Madrid, una tarde que solo me apetece tirarme en el sofá (con mi pijama y mi manta) y que, si no me ando con cuidado, puedo caer en el error de dejar volar mi mente allá donde quiera ir, y como no tengo muchas ganas que vaya a determinados sitios (el fin de semana hay que olvidar las preocupaciones) he decidido coger el portátil y engancharme a youtube.

Y cuando estaba yo tirada en mi sofá, con el portátil en las piernas, me ha dado por ponerme a ver video clips que me gustan y he pensado, voy a abrir el blog y voy a escribir sobre las canciones que forman parte de mi vida. La música siempre ha sido, para mi, un buen lugar donde escaparme, donde reír, donde emocionarme, donde llorar... Y es que me pongo los cascos, cierro los ojos y soy feliz.

Es muy probable que uno de mis lectores (mi sobrínísimo) esté temblando… ¿qué se puede hacer?, rara vez coincidimos en gustos musicales, pero como diría él “lo lamento”, voy a hablar de ellos.

Así que, como comenzaba Antonio Machado su autorretrato, voy a comenzar yo esta historia musical. Mi infancia son recuerdos de dibujos animados y programas para niños, por eso, la primera canción que aprendí de memoria es aquella que decía “es alucinante, es como el cine, todo lo controla, es un alucine, es como un ordenador personal… es la bola de cristal”. ¿Os acordáis?... http://www.youtube.com/watch?v=1q1jY5W4bjc

Machado me sigue sirviendo como guía en esta historia porque… Mi juventud, (son) 20 años… escuchando a los Hombres G, que ya era hora de que aparecieran en este blog, porque me dejé unas cuantas pagas en sus vinilos…

Todo empezó cuando yo quería irme junto con estos cuatro chicos estupendos hasta Italia, comprarme un jersey a rayas y ver como se retorcía el pijo del ford fiesta blanco entre polvos pica-pica, pero esto solo acababa de comenzar. A continuación, quise llamarme Marta, tener un marcapasos y, por supuesto, soltarme el pelo. Pero parecía un poco difícil conjugar todo aquello, por lo que decidí que… iba a pasármelo bien, aunque tendría que ser con mis vaqueros más gastados (me permito esta licencia, por ser mi canción favorita, aunque creo que, a su pesar o no, solo la va a pillar Wilder). Mas tarde, averigüé que hay muchas cosas que se pueden solucionar en un minuto nada más y que, esta es mi vida. Y es que, llegados a este punto, después de 20 años peligrosamente juntos, entre canción y canción, todo esto era muy extraño, por lo que era mejor quedarse con lo escuchado y concluir calificando esta historia de mi juventud musical con un 10.

Sin embargo, aunque David Summers y compañía son los protagonistas de la banda sonora de mi vida, debo decir que hay muchos (muchísimos) más músicos que con sus letras han conseguido regalarme momentos inolvidables. Os dejo unas cuantas referencias: Duncan Dhu con Ojos negros o Cien gaviotas, Nacha Pop con su Chica de ayer, Héroes del silencio Entre dos tierras o con Maldito duende, Antonio Flores que No dudaría, Camilo Sesto que decía que ya no podía mas…, Loquillo en su Cadillac solitario, Los Secretos y su Déjame, la Dulce Condena de Los Rodríguez, La tortura de Alejandro Sanz o Estopa desde el del medio de los chichos, hasta el run run…

Para terminar y antes de que me caigan las críticas que, probablemente, me merezco por no mencionar a muchos grandes, me despido recordando a los lectores que se trataba de hablar sobre “mí” música, y por eso, haciendo caso a Manuel Carrasco, no dejo que nadie calle mi verdad.

martes, 26 de octubre de 2010

Yo y mis circunstancias

Cuando me propuse este reto dije, sin creérmelo ni yo, y como el que no quiere decirlo (pero lo dije, debo asumirlo), que iba a intentar escribir un poco todos los días y, la verdad es que el reto, tal y como estaba definido inicialmente, no lo estoy cumpliendo (lo intento, pero no lo consigo). Por supuesto, siempre me escudo detrás de un “estaba muy cansada ayer” o “no me dio tiempo”. A decir verdad, en este momento de mi vida, tengo excusas que no hay quien me las rebata porque… “tengo muuuuucho lío en el curro”, “estoy estudiaaaaaaando”, “tengo muuuuuuchas lavadoras que poner”, “la casa no se liiiiiiiiimpia sola” etc., pero la verdad (la cruda realidad) es que no todos los días “me viene la inspiración” y por eso, no todos los días escribo.

No sabéis lo que me fastidia reconocerlo, me acuerdo de mis profesores de la universidad que me regañaban cuando mencionaba estas palabras. Todavía siento sus ojos, clavados en los míos, mientras me decían con tonito irónico (mas majos…) “¿crees que un periodista puede esperar para escribir un artículo a que le venga la inspiración?”. Y yo me sentía torpe, me ofuscaba y me enfadaba con el mundo, pero la que escribe se ha leído a si misma, con y sin inspiración, y es lo más parecido al Dr. Jekill y Mr. Hyde, por lo que prefiero incumplir el reto (solo una parte, que conste) y reconocerlo (que gran acto de valentía), que escribir un post del que no me sienta satisfecha.

Así que, cuando mis queridos lectores dicen que les parece que tiene que ser más fácil escribir ese libro, que tanto reclaman, que trate sobre una sola historia, que tener que pensar un tema a diario, yo pienso, estos lectores míos tienen una gracia que no se puede aguantar (con todo el respeto que se merece esta gente tan objetiva, además de guapa y simpática, que me lee). Y es que, para mí, escribir un libro no supondría un reto, supondría un milagro. Tranquilo lector, no voy a redactar las mil y una excusas, solo dejaré constancia de la verdad y, esta es, que ahora mismo “no tengo ganas” (nota: lease como un “no estoy inspirada” pero reconocerlo dos veces me parecía excesivo).

Y después de esta reflexión (a la par que autocrítica) yo y mis circunstacias nos vamos a dormir que tenemos “muuuuucho sueño”. Y para rematar este post tan sincero, me despido con un plagio “Buenas noches y Buena suerte”

viernes, 22 de octubre de 2010

Mujeres al poder...

Hoy que el Ministerio de igualdad ha pasado a la historia y nos hemos quedado sin ministra, me ha dado a mi por pensar que desde que escribo este blog, solo he mencionado a unos cuantos de los hombres de mi vida; mi padre, mi chico, mi sobrino, mi Sergi y mi Alejandro Sanz (bueno vale, este no es un hombre de mi vida, sólo ha participado un poco en la banda sonora). Todavía me faltan algunos “mis”, como “mi jefe”, pero eso tendrá que ser otro día, porque aún no he hablado de ninguna mujer, y no es que sea feminista, ni mucho menos machista, y, además, debo decir que tampoco me convenció mucho nunca el ministerio este, pero la que escribe tiene sus heroínas y hoy voy a hablar de un par.

Como líder indiscutible de esta selección de “primeras mujeres mencionadas en mi blog” tengo que hablar de la más fuerte que he conocido. Una mujer de armas tomar, con una vida que no se merece un post, se merece más bien una beatificación. Alguien que puede con cualquier cosa, si es por los que quiere y, que ha querido siempre mucho, quizá demasiado. Una mujer que consigue lo que se propone y que los momentos de debilidad le duran segundos, porque siempre encuentra fuerzas para luchar y para ganar. Esa persona a la que, día a día, lucho por imitar, el mejor ejemplo a seguir. La mujer que me dio la vida… ¿qué demonios? La madre que me parió.

Me cuesta, y me parece que esta muy feo, poner en segundo lugar a la heroína de la que quiero hablar a continuación, porque se trata de una mujer NÚMERO UNO; pero lo personal tiene que ir siempre antes de lo profesional y ella me apoyaría en esto. Me refiero a la persona que, hasta hace unas cuantas horas, era la capitana de la empresa en la que trabajo. Una mujer que se ha despedido con un hasta siempre que me ha partió el corazón (tiritas, por favor), para irse a un barco más grande donde necesitan su energía, su naturalidad, su ilusión y su espíritu. A buen seguro se lo dará, pero en los tripulantes de su antiguo barco se queda una parte de ella, de su disposición y de su ímpetu, de su elegancia y de su gracia, de su talento y de su entusiasmo. Eso no se lo han podido llevar. Pero con eso, no nos bastará. La echaremos de menos.

martes, 19 de octubre de 2010

Paciente BG2564

Últimamente me persigue el futuro. Hace unos días estaba yo, sentada en una sesión de innovación, trabajando en esto que se ha puesto de moda ahora y que han llamado co creación. El ejercicio consistía en imaginar como sería nuestra relación con los bancos en un periodo de 10 años. Debo reconocer que salí de la sesión un poco transtornada (que no transformada) pensando que en el futuro nos cargaríamos una profesión más (¿más paro?). Ya no habrá banqueros, si la co-creación funciona, todo serán máquinas.

Me sorprendí viendo la facilidad con la que mis compañeros hacían afirmaciones del tipo: “en 10 años no quedará una oficina”, “no penséis en un call center de banca telefónica, ahora ya hay maquinitas estupendas que utilizan lenguaje natural”, “no os preocupéis por la protección de datos, existirá un chip que llevaremos implantado para que todo lo podamos hacer por el móvil y sólo funcionará si está a nuestro lado…”.

Me vais a perdonar el lenguaje, pero mi mente me traicionaba y sólo podía pensar… Joder, pues si eso pasa en 10 años ¿qué pasará en 20?, lo mismo hasta consiguen una cura para las migrañas (que mucha ciencia y mucho avance tecnológico y cuando te duele la cabeza te tienes que aguantar).

El caso es que con los días se me pasó la paranoia y volví a vivir en el 2010 tan pancha, rodeada de oficinas bancarias, sin ningún prototipo de microchip en estudio y pensando que algunas personas ven muchas películas de ciencia ficción.

Pero, esta tarde (me vais a perdonar otra vez), me he acojonado de verdad. Y es que he tenido que acudir a una clínica de urgencias por una molestia que me estaba poniendo un poquito de los nervios y cuando he llegado a la recepción, va la recepcionista y me da una etiqueta con el siguiente texto: “Paciente BG2564” y me dice “espere en la sala y esté atenta a su código”. Sin pensármelo dos veces me he sentado en esa sala y he empezado a escuchar a una voz (virtual con lenguaje natural (faltaría mas)) que decía “Paciente DX2389 pase a la sala de pediatría. Paciente CH3167 pase al box 3. Paciente GM1221 pase a la sala de radiología”. Juro por mi vida que he sentido escalofrios y la necesidad de acercarme a la recepcionista y decirle… “por favor, por toda su familia se lo pido, que me atienda un médico pero ya. Le juro que estoy imaginando cosas”. Sin embargo, he pensado un segundo y me he dado cuenta que, seguramente, algunos co-creadores habrán imaginado una solución innovadora para proteger los datos personales en las clínicas, mientras "otros algunos" están inventando el microchip, así que me he quedado sentadita esperando las órdenes de esa voz y he pensado... “que la suerte nos acompañe”.

lunes, 18 de octubre de 2010

Transformada

¿Habéis escuchado alguna vez eso de “imposible is nothing”? Seguramente si. Probablemente os recordará un anuncio de hace unos años de adidas. A mi no. A mi me recuerda a un amigo Alguien que se cruzó en mi vida para darme un curso y se convirtió en mi "club de los poetas muertos".

El viernes pasado tuvo la suerte de volverle a ver (lo cual no pasa con frecuencia) y que me diera un abrazo de oso. Mis gafas salieron volando por los aires con la emoción del momento, menos mal que me decidí por los cristales irrompibles… Su nombre es Sergio, es catalán y si quiero definirle brevemente tengo que decir que Sergio es la pasión por la vida. Se dedica, día a día, a intentar transformar a las personas y lo consigue. Sus cursos son de inteligencia emocional y es capaz de hacerte reír, mientras se te caen los lagrimones. Doy fe.

Sergio me enseñó que nada es imposible, que tengo que seguir mis sueños y que si quiero, puedo, porque no importa cuantas veces te caigas en el camino, lo único que tienes que hacer es levantarte y seguir intentándolo. Me demostró cuanta gente lo había conseguido antes. Me contó, entre otras, la historia de Abraham Lincoln que, sin duda, fue un buen ejemplo de perseverancia. Perdíó ocho elecciones, fracasó en dos ocasiones en sus negocios y su novia murió cuando estaba a punto de casarse. Tuvo muchas ocasiones de rendirse pero nunca lo hizo. Y aquí os dejo su conclusión: “El camino era difícil y resbalizado. Resbalé, pero me recuperé, diciéndome que aquello era un resbalon y no una caída”

Por suerte, por desgracia o simplemente porque en la vida todos resbalamos alguna vez, comprobé que sus enseñanzas no eran teorías, ni frases hechas. Sergio me ayudó a levantarme cuando me caí y, por eso, siempre digo que mi vida sería diferente si no le hubiese conocido. Estoy segura que soy una persona más fuerte y mejor gracias a él y por eso deseo que todo el mundo tenga la suerte de encontrar a un Sergio en su vida. ¡Si es que existe más de uno!.

Por todo ello, hoy he querido dedicarle estas líneas... ¡Oh profesor, mi profesor!.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Mi camara y yo.

Hoy he pasado el día caminando por las calles del centro de Madrid, hacía mucho tiempo que no lo hacía y reconozco que me fascina. Ahora que estoy acostumbrada a vivir en el quinto pino, por si nos acordáis esto significa a las afueras de Madrid, ir a la Puerta del Sol me parece toda una excursión.

He paseado por la calles Mayor, Arenal, Preciados… he visto el mercado de San Miguel, el Teatro Real y la Plaza Mayor. Y mientras caminaba, me daba cuenta que me sentía como una turista, pero en mi ciudad, aunque sabía que me faltaba algo, tenía las manos vacías. Aclaro, el mapa no. Yo nunca llevo mapas (soy mujer… no los entiendo). Lo que me faltaba era… mi cámara.

Y es que cuando te trasladas a una ciudad, si previamente has hecho tu maleta, la miras de otra forma, activas el chip turista y te cuelgas tu cámara al cuello como si tu vida dependiera de ella, haces fotografías sin parar, se te acaba la batería y te cabreas, compras cámaras de usar y tirar y ,en último caso, lo observas todo con detalle y lo grabas en tu memoria mientras piensas, cuando llegue a casa me bajaré fotos de este sitio por Internet, ¿habrá?.

Sin embargo, pocas veces nos paramos a observar nuestra ciudad, pasamos por ella sin fijarnos, con el único objetivo de llegar de un punto a otro, porque cuando paseas por tu ciudad, más bien la atraviesas, porque tienes que ir a hacer “algo”, o a comprar “algo” o a ver “algo” y no se te pasa por la cabeza la idea fotografiar un lugar, estas seguro que te mirarían con cara rara, rara, rara.

Por eso las fotos de nuestra ciudad son fotos de nuestras “personas” o de nuestros “momentos”, pero no de nuestros lugares. Y digo yo, ¿por qué se me ocurre hacerle una foto a un grasiento puesto de perritos calientes en Nueva York, a una cabina de teléfono en Londres o a un café en la Plaza de San Marco (bueno, esta es obligatoria, si no nadie se creerá que pagaste 12 euros por un café, es más, es recomendable escanear el ticket para colocarlo en el álbum), y por qué no se me ocurre llevarme una cámara para hacerle fotos al Oso y el Madroño?.

Pues eso, que hoy no llevaba mi cámara y me he dado cuenta que mi colección de fotos está INCOMPLETA.

viernes, 8 de octubre de 2010

Ingenio

Allá por los años 80 un monstruo, feo con ganas, era el encargado de mandar a los niños a dormir. Por si no le recordáis o por si no le conocéis aquí os dejo el documento que lo demuestra.

http://www.youtube.com/watch?v=wbfQ71hMr_k

Gracias a este espantoso ser (que por mi condición de teleadicta de nacimiento, veía todos los días) y, gracias también, al increíble ingenio de alguna de mis compañeras de cole, yo tuve mi primer mote. Si señores, me llamaban “Casimira”. Afortunadamente para mi este sobrenombre no se me asoció porque me encontrarán cierto parecido físico con Casimiro (o eso he querido pensar siempre), la razón parecía tener más relación con que mi nombre también empieza por Casi, sin embargo, fuera por lo que fuese, a mi no me gustaba. No me gustaba nada de nada.

Pase toda mi infancia con el firme convencimiento de que el día que cumpliera los 18 años, iría al registro mundial de los nombres de las personas a cambiármelo. Yo quería tener un nombre normal, llamarme Maria y que la profesora tuviera que decir mi apellido al pasar lista para distinguirme de las otras diez Marías. Claro que, cuando imaginé la escena, me di cuenta que si me cambiaba el nombre, me metía en un lío peor. Y es que mi apellido sumado a mi nuevo nombre prometía brotes de ingenio desmedido. Os imagináis que hubiera pasado cuando la profesora hubiese dicho ¿María de la Hoz?

Así que la idea empezó a perder fuerza y, cuando llegó el momento, se me había pasado la neura y mi nombre se quedó como estaba. No tardé mucho en descubrir que el ingenio se agudiza por un sinfín de razones y llegaron momentos mucho menos simpáticos, claro que, para entonces, me pillaron más espabilada y entonces yo también sacaba mi ingenio a pasear.

Lo bueno es que con cierta edad todo se ve de otra manera y hoy me he sorprendido dirigiéndome a mi misma por mi mote actual. Y es que esta mañana, como todas las mañanas de mi vida, iba yo con el agua al cuello para llegar puntual a una reunión y entonces, mientras me enfundaba los pantalones me he dicho “vamos velociraptor*, vaaaaaamos ...”.

Nota*: Velociraptor es una irónica, a la par que simpática, mezcla de conceptos asociados a mi. Dinosauria, que no por la edad (que conste) sino por la antiguedad en la empresa donde trabajo y Veloz, porque, como ya he comentado en alguna ocasión, no me gusta correr.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Ya lo decía Descartes

En mi fin de semana zen he dedicado unas cuantas horas, mientras los trenes me llevaban de un sitio a otro, a leer. Me encanta leer, aunque no le dedico todo el tiempo que me gustaría. Eso sí, como un libro me enganche no puedo parar y me convierto en una mujer pegada a un libro hasta que lo termino. Me lo llevo conmigo a todas partes y paso noches sin dormir, por eso, aprovecho las vacaciones o mini vacaciones para dedicarle horas a este vicio mío.

Según se encuentren mis revoluciones, me apasiona una literatura u otra y no tengo ningún inconveniente en dejarme libros a medias, si la historia no me convence o no se cruza conmigo en el momento adecuado. Sin embargo, juego con ventaja. Mi ventaja es un chavalito de 24 años que desde que nació, es mi sobrino, y que, desde meses antes del evento, ya me tenía bastante ganada. No se si esta pasión desmedida que tengo por el chaval me ciega o no, y tampoco me importa porque la pienso seguir teniendo, pero la verdad es que, desde que ha cogido la costumbre de regalarme libros (elegidos especialmente para mi), me he dado cuenta que nunca dejara de impresionarme. No ha habido libro que me haya regalado que no me haya fundido en menos de tres días.

Esta vez me ha sorprendido con la primera novela de John Kennedy Toole (más conocido por “La Conjura de los necios”) que se titula “La Biblia de neón”. Ya la introducción te desgarra cuando nos habla de la trágica muerte del autor a sus treinta y un años (suicidio) y de los esfuerzos de su madre, primero, por lograr la publicación de “La Conjura…” y, después, por evitar la publicación de “La Biblia…”; pero la novela, aunque menos dura por no estar basada en hechos reales, te hace reír y te hace llorar, consiguiendo que cierres el libro con alguna frase hecha del tipo ¡madre mía!.

A través de la historia de David, un niño que llega a adolescente sin muchas alegrías en su vida, el autor trata temas tan profundos como el fanatismo, la excentricidad o el fracaso. A mi personalmente me ha ayudado a no olvidar que los extremos nunca son buenos porque siempre, o casi siempre, hacen daño a alguien. Por eso hoy, aparte de recomendar esta lectura a quien esté al otro lado, me despido con una de mis frases favoritas “en el término medio está la virtud”. Ya lo decía Descartes.

martes, 5 de octubre de 2010

No molestar

Acabo de regresar de mi escapada de fin de semana. He disfrutado tres días en un lugar perdido a escasos kilómetros de Villajoyosa, en Alicante. Tiene un estupendo hotel situado en un acantilado y desde casi cualquier punto del mismo, puedes emocionarte mientras ves como las olas se rompen con las rocas.

De vez en cuando es necesario parar y hacer un paréntesis en la vida cotidiana. Puede parecer una tontería, pero una de las mejores terapias para la relajación que he encontrado jamás consiste en colgar en una puerta ese conocido cartel de “no molestar”. Lo colocas y te sientes especialmente libre, es una forma de decirle al mundo, voy a tomar este espacio y lo voy a hacer mío por un rato. Voy a hacer en él lo que me de la real gana y nadie puede entrar aquí, porque hay un cartel que lo prohibe. Si además te permites el lujo de desconectar el móvil, sientes lo que es la libertad y, entonces, te toca disfrutarla.

Eso es lo que he hecho este fin de semana: disfrutar, sentir la libertad, aburrirme de mirar el mar por el día y contar las estrellas por la noche, dejar las preocupaciones en el parking y permitir volar a mi imaginación sin dirección.

Esta escapada ha sido mi regalo de aniversario. Corría el mes de septiembre de 1994 cuando mi chico me dio un beso (muy esperado, la verdad) en un sitio llamado “imagine”. Ninguno de los dos hubiéramos imaginado que 16 años y unos días después estaríamos celebrando esa fecha en un lugar llamado “Paraíso” (no es broma, se llama así). Pues si, así ha sido y la verdad, va a ser difícil superar este regalo.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Nena, tira de la cadena

Nota: este post no es de hoy, lo escribí exactamente el 2/07/09 pero nunca lo publiqué en ningún sitio y ya era hora.

Muchas noches sueño con mi padre. Entre los dos siempre hay un muro, metafóricamente hablando, que nos separa, por ejemplo, el llama a la puerta y yo no consigo abrirla o estamos en habitaciones separadas y la casa se separa y vuela por los aires de manera que no nos podemos alcanzar o yo voy en un coche que conduce otro y de repente, le veo por la calle, pero no podemos parar... Para analizar lo que trama mi subconsciente no necesito un psicólogo. El mensaje es claro, le echo de menos.

Cuando era pequeña mi padre fue mi guardería, el me cuidaba en casa mientras mi madre trabajaba. Me enseño a leer, a hablar, a jugar a las cartas y a cocinar. El fue mi primera infancia, me llevaba a pasear por las calles, a buscar a mi madre al trabajo, a comprar su mantequilla favorita (sibarita de nacimiento) y a muchos sitios mas. El me compró el regalo más emocionante de mi vida, mi primera guitarra, pero lo que nunca olvidaré es que me juró que se había encontrado con Melchor y se la había dado para mi. Me compró mi primer reloj, dejándome elegir el mas hortera de la tienda y también me enseñó a aprovechar el tiempo.

Cuando yo era pequeña mi padre trabajaba en casa. Editaba y dirigía el anuario de la aristocracia y disfrutaba mucho con ello. Las letras eran su pasión y le interesaba mucho la historia de los apellidos, tanto que cambió los suyos y los de toda mi familia. También escribía sobre otros temas aunque nunca llego a publicar nada, pero quedan folios, cuartillas y cuadernos con muchos de sus pensamientos.

Cuando yo era pequeña, mi padre se murió. Yo tenía 7 años recién cumplidos y mi mente se bloqueó una mañana cuando vi a mi madre gritando y zarandeándo a mi padre en la cama. Pocos minutos después mi hermana me rescató y nos fuimos a casa de mis primas unos días. En esos años yo estaba acostumbrada a ir a casa de mis primas si mi padre se ponía malito, pero también estaba acostumbrada a volver y que el estuviera allí. Sin embargo, esta vez no volvió. Tardaron muchos días en contarme que se había ido al cielo, mi madre no se sentía capaz. Luego me toco a mi ser capaz de encajarlo y, la verdad, me está costando unos cuantos años...

Me dejó sus pensamientos escritos, sus chistes, sus manías y alguna que otra cosa más. Quedaron sus gorras y su sombrero, le encantaba taparse la cabeza. Quedó su maletín con sus sellos y sus quinielas. Quedaron las cartas de amor de cuando le escribía a mi madre. Quedaron sus libros. Quedó su abono del real Madrid, forofo empedernido. Quedo una camiseta de rayas que le encantaba ponerse en la playa. Quedaron sus fotos de los buenos y de los malos tiempos, guapo, feo, flaco o gordo y sonriente casi siempre. Quedaron sus cuadros mal pintados pero apasionados siempre. Y quedó un estuche de casettes grabadas con su voz, cintas en las que leía textos, contaba cuentos, hablaba con mi hermana o con mi madre o grababa programas de la tele comentados por él. Entre esas cintas encontré una que se titulaba "nena, tira de la cadena".

No recuerdo la primera vez que la escuché, pero nunca olvidaré esa frase, porque esa frase me la dijo a mi. Esa frase es la única que podré escuchar y escuchar mil millones de veces de mi padre dirigiéndose a mi, y yo, cada vez que le de al play, siempre repetiré en alto... "ya voyyyy".

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Castigados

Hoy en día, si uno se acerca a una guardería o a un parque, en menos de diez minutos escuchará a algún adulto responsable como se dirige a un niño y le dice “a pensar”. Tengo que decir que no me parece discutible el hecho de que es tener "muy mala leche" exigir a una criatura de 1,2 ó 3 añitos que “piense” y quizás, solo porque haya sacado a pasear su talento artístico donde no correspondía.

Me pregunto si esta moda de castigar a pensar tiene tanta ciencia como esa de que a la hora de dormir, tienes que dejar a tu hijo llorar 5 minutos y luego 12 minutos y… bueno, puedes acercarte 17 segundos y mirarle 8, pero no caigas en su trampa y no te atrevas a abrazarle porque, en ese caso, estarás perdido. No he visto ni la portada y, tengo que reconocer la exageración que le he puesto a mi síntesis, pero es que odio el maldito libro ese. Lo odio profundamente.

A mi pedirle a un pequeñaj@ que piense me parece una chorrada y a pesar de que por alguna extraña razón esta acción consiga que el niño aparte la mirada y se ponga muy serio, lamento informarles a esas madres que, yo creo que ese niño no está pensando.

Así que, aunque la moda en cuestión de educación está relacionada con “pensar”, lo que me complace enormemente es observar que lo que nos emociona ver a todos es, precisamente, que no lo hagan. ¿O no?.


http://www.youtube.com/watch?v=9Tk3C37u7qw&feature=related

Frases hechas

Recuerdo cierta tarde, de copas con amigos, en la que uno de ellos contaba que en los últimos días le rondaba por la cabeza una idea que se estaba convirtiendo en obsesión. Resulta que cuando iba camino a casa, no se muy bien si por la m-30 o m-40, y se cruzaba con el desvío a la carretera de La Coruña, sentía el impulso de dar un volantazo, desviarse y no parar. Recuerdo perfectamente que todos asentíamos y sonreíamos, convirtiéndonos en cómplices de ese pensamiento.

Hoy, por varios motivos que sería aburrido relatar, he dicho varias veces (que conste al lector que ha sido en diferentes conversaciones) una expresión que sin saber porqué uso mucho… “me iría al quinto pino” y ahora en frío, aparte de hacerme gracia, he pensado que para mi tatarabuelo eso sería lo más parecido a coger el desvío hacia La Coruña y no parar. Por no quedarme con la curiosidad lo he buscado en google y resulta que la expresión "el quinto pino" viene del siglo XIX en Madrid, que era, obviamente, una ciudad mucho más pequeña que ahora, donde entonces la calle más grande era el Paseo del Prado, a lo largo del cual había plantados cinco pinos dejando una cierta distancia entre uno y el siguiente. Llegar al quinto pino suponía ir a las afueras de la ciudad, a la zona más alejada, de ahí que la expresión signifique ir muy lejos. Lo que no me he parado a buscar en Internet, pero si me he preguntado a mi misma es ¿y, qué haría después?.

Obviamente la respuesta me lanza de cabeza a “un pozo sin fondo” del que tengo pocas probabilidades de salir sin perjudicar mi salud mental, por lo que he preferido dejar de pensar.

jueves, 23 de septiembre de 2010

"Aniceto, el vencecanguelos"

No me acuerdo muy bien si este fue o no el primer libro que leí en mi infancia, pero el título se me quedó grabado en la mente. Probablemente, me llamó la atención por el nombre del protagonista, seguramente pensé que el pobre tendría unos simpáticos compañeritos de colegio, sin crueldad ninguna, que despertarían su creatividad futura con un sinfín de originalidad y yo que, en aquella época, vivía este tipo de torturas, me solidarizaría con el chaval.

Estoy convencida de que en nuestra infancia todo el mundo hemos sufrido alguna crueldad de este tipo, bien por tu nombre, o por tu apellido, bien por tu físico o por yo que se que. Pero estas “crueldadades”, a día de hoy, se me antojan graciosas. Me encantaría tener un compañerito de trabajo (de esos que caen bastante mal) que se llamara Aniceto y, de vez en cuando, soltarle la gracia… ¡Que te meto, Aniceto!.

En cualquier caso y volviendo al tema, estoy segura que no he olvidado el libro en cuestión porque también me gustaba la idea de “vencer canguelos”. Así es la vida, la que escribe, siempre ha sido bastante miedosilla.

Esta noche mi chico se ha ido de cena de trabajo y, la verdad, he de decir que no aprendí nada de Aniceto porque, a mis treinta y cuatro añazos, me sigue sin molar nada la idea de dormir SOLA EN CASA.

martes, 21 de septiembre de 2010

¿Siglo XXI?

Gracias a la tormenta eléctrica del viernes pasado llevo sin televisión cuatro días. Conozco a muchas personas para los que esto no supondría ningún problema y que me dirían (mientras piensan en el super horror de la teleadicción) "ay por favor, ponte la radio o léete un libro.. si la televisión es una basura", pero yo, cuando llego a casa, después de una larga jornada laboral y mi "yo ejecutiva" se convierte en mi "yo maruja" para hacer una cenita rápida y sentarme en el sofá con mi bandeja... QUIERO VER LA TELE.

Sin embargo, aunque me molesta no tener tele y, me digan lo que me digan, ni mi chico, ni yo, nos vamos a poner, mientras nos tomamos la tortilla, a leer "Cien años de soledad" (por mucho que nos guste), lo que mi mente adaptada al siglo XXI no alcanza a comprender es como en cuatro días, con sus 96 horas, el presidente de la comunidad de vecinos no ha conseguido que venga un antenista a mi casa y nos arregle la tele.

Como soy una mujer que me gusta vivir en armonía con mis vecinos, no he llamado al timbre del señor presidente, ni pienso hacerlo. Pero como llevo un año con problemas con la antena del tdt, ayer decidí que se iban a acabar y que iba a unirme al mundo de la televisión digital. Y entonces, llamé al 1004 para contratar imagenio. Pues bien, hablando del siglo XXI, el cual hasta donde yo creía, se caracteriza por el avance en la digitalización, por la venta rápida y telefónica, por la generación de experiencias en los clientes... descubrí que, en este siglo, es posible llamar por teléfono a "ex telefónica" y no conseguir oír (ni escuchar) al teleoperador (por una supuesta incidencia técnica), hablar con 6 personas (sin exagerar) con la intención de comprar algo y que ninguno te lo venda y, eso si, chocarme de bruces con una experiencia, como cliente, inolvidable: la total ausencia de sentido común que reina en la mencionada empresa.

Me explico, la razón por la que no pude contratar imagenio es porque actualmente tengo el paquete "dúo: llamadas + adsl" que nos lo paga la empresa de mi chico y si yo quiero imagenio no me lo pueden cobrar aparte. La única solución posible es que me lo pague la empresa y yo le pague a la empresa. Pero todo esto tan sensato esta muy bien empaquetado con un lazo en forma de mi nombre con un Doña delante, mencionado unas 40 veces y un mensaje alentador con el que me recibió cada agente que decía... "me comprometo a buscar la mejor solución a sus necesidades".

En fin, señores de Digital Plus, aprovechen el momento y... FORRENSE!

Perder el tren

Me encanta esta frase. Así, escrita en un titular, sin incluirla en un contexto, son tres palabras que dan mucho que pensar. Perder un tren siempre parece algo dramático que, además, suele asociarse con una pérdida de tiempo o de oportunidades, sin embargo, yo prefiero pensar que son caprichos del destino y que éste siempre girará a nuestro favor, así que cuando pierdo un tren, me convenzo de que ha pasado lo que tenía que pasar y, que el destino ha querido que viaje en el siguiente. De hecho, puedo asegurar que más de una vez en mi vida me he alegrado (y mucho) de haber perdido un tren. Imposible no mencionar el fatídico 11 de marzo de 2004, día en el que nunca olvidaré que se me pegaron las sábanas y perdí el tren. Ojala, todas las víctimas hubieran perdido esos trenes...
Hoy, cuando estaba a unos 200 metros del tren, han empezado a sonar esos malditos pitiditos que te anuncian, de forma inminente, que vas a perder el tren y entonces he tenido que tomar una decisión, correr o no correr. Siendo consecuente con mi promesa de no vivir deprisa y teniendo en cuenta la posibilidad de caerme y quedarme sin dientes, he decidido no correr. Por eso, mientras espero el siguiente, estoy aprovechando para escribir esta reflexión.

Pero, como tampoco pretendo engañar a nadie, debo reconocer que mi decisión no estaría nunca, ni cercana, al otro extremo de esta imaginaria línea. ¿Qué puedo decir? No me gusta correr.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Viviendo deprisa


La mayoría de los lunes cuando vengo de camino al trabajo pienso... "otra semanita, a ver si se pasa rápido y llega el finde". Pero hoy, me he sorprendido pensando que aun quería correr más ya que tengo ganas de que pasen las próximas dos semanas a la velocidad de la luz. Esto es por dos razones, la primera porque tengo preparada una escapada de playa que me muero de ganas y la segunda porque en el curro tendremos nuevas incorporaciones y empezaremos a respirar.

Sïn embargo, mientras tarareaba la cancioncita que cantaba Alejandro Sanz hace ya casi 20 años y que inevitablemente se me había venido a la cabeza "he malgastado mis fuerzas, viviendo deprisa", y gracias a una película que he visto el finde, me he chocado con un pensamiento más fuerte y poderoso, el famoso "carpe diem" y por eso, he decidido que hoy no iba a malgastar el día e intentaría disfrutarlo.

Ya veremos!.

domingo, 19 de septiembre de 2010

El reto

Siempre me ha gustado escribir y siempre lo he hecho. A veces me he despertado en mitad de la noche y he tenido que coger un boli y un papel para plasmar lo que me estaba torturando la cabeza. Toda mi vida he tenido que ir acompañada a todas partes de una libreta por si, como solía decir “me viene la inspiración”. He escrito miles de cartas de amor que pocas veces llegaron a sus destinatarios, he escrito mis mejores y peores momentos en diversos diarios a lo largo de mi vida, he escrito a mis amigos, a mi familia y a mi padre (aunque no pueda leerme)…

He tenido varios intentos de escribir una novela, pero siempre frustados porque yo soy más de relato corto y cuando siento la necesidad de contar algo no necesito hacerlo en 300 páginas, soy fan de la eficiencia. Pero lo peor de todo es que últimamente, solo escribo mails; me di cuenta hace dos días mientras hablaba con mi mejor amiga que ya sólo escribo mails y la mayoría de trabajo. Por supuesto, yo empecé a defenderme con una larga lista de “esques” pero ella me retó, recordándome a mi querido profesor de redacción periodística, a que intentara escribir algo todos los días aunque fuera breve y a ver hasta donde llegaba.

Tras pensarlo durante todo el fin de semana he decidido ACEPTAR EL RETO.