lunes, 29 de noviembre de 2010
Errare humanum est
Pues si, he “errado”. Y es que, releyendo mis entradas a este blog, me he encontrado un par de errores gramaticales graves. ¡Horribilis, horribilis!.
Yo que soy una psicópata del lenguaje y que parezco la niña del exorcista cuando veo faltas de ortografía, siempre paso el corrector ortográfico a mis post, pero claro, el corrector en cuestión no es infalible y, a veces, no detecta una “h” de más, o de menos.
Dicho esto, claro está que en este blog, he encontrado una h de más y una h de menos, aunque no voy a decir donde estaban las erratas porque, como os decía al principio, afortunadamente, ya no están (que maravilla esto de la edición). Pero eso si, aunque una escribe a las horas que escribe, no tengo justificación, por lo que pido disculpas al que se haya chocado con ellas y haya sufrido. Me voy a castigar a mi misma.
Precisamente, hace pocos días, participaba en un debate casual sobre el tema del lenguaje y las palabras que se incorporan al diccionario simplemente porque el pueblo las usa. Por supuesto, expresaba tajante mi malestar ante este hecho. Y es que a mi me parece una aberración que nuestro diccionario haya aceptado palabras como “arrascar” o “médica” y, en consecuencia, jamás las utilizaré para nada que no sea protestar por su existencia. Aggggg!.
Ya me estaba poniendo yo bastante nerviosa de pensar que ahora, que se acercan estas fechas navideñas, tendré que aguantar las típicas conversaciones sobre los regalos navideños que me convierten en la muñeca diabólica. Me explico, no puede soportar que alguien me diga, cuente o comente que tiene que ir a “descambiar” un regalo. Esa palabra me saca de mis casillas y siempre contesto endemoniada “¿qué demonios es descambiar?, ¿será cambiar, no?”. No me podéis decir que la palabrita no tiene delito… ¡suena fatal!. Pues atención a lo que sigue…
Resulta que cuando estábamos en este debate tan entretenido, visitamos la página web de la RAE y buscamos la palabra en cuestión, a ver si con un poco de suerte no existía, para acabar descubriendo que resulta que “descambiar” existe y, en contra de mis pensamientos, si que significa algo (¿¿¿????). Es un sinónimo de “destrocar”, es decir, deshacer el trueque o cambio.
Por tanto, si consideramos que las compras navideñas son un trueque en el que se intercambia dinero por regalos; cuando este año alguien me diga, me cuente o me comente, que tiene que “descambiar” algo, yo me tendré que morder la lengua y cerrar la boca con todas mis fuerzas, porque si no lo hago, estaré “errando” otra vez.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Maldita actualidad
Es muy triste que tenga que existir un día para la lucha contra la violencia de género. ¡¡¡Ojalá quede obsoleto!!!
Es horrible que exista la violencia de género.
Un hombre que maltrata a una mujer, no es un hombre, es una mierda.
Poco más que decir, la verdad. Sobre este tema me molesta hablar pero, como existe y no soy de mirar hacia otro lado, lo que quería decir, lo he dicho.
Digo no a la violencia.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Nadal Parera, Rafael

No veía escapatoria posible, la actualidad me iba a machacar, porque yo no podría comentar esos temas ni aunque me hicieran un trasplante de cerebro. ¡No tenía ni idea!. Quizás de las olimpiadas podría haber dicho algo y de futbol, pues.... también, pero ¿tenis?... me imaginaba yo un artículo escandaloso “Al tenis se juega con raquetas. Que bonitas son las raquetas que llevan los tenistas al Rolland Garros, con sus cuerdas bien estiradas....” En fin… un desastre.
Recurrí a una de mis mejores armas, el noble arte de “pedir favores”. Me presenté delante de mi amigo Josema (mi complemento perfecto: el sabía de deportes todo lo que yo no) ¿qué hubiera sido del uno sin el otro en aquellos tiempos? y le dije algo así… “vamos a cambiarnos un poquito los papeles y hoy, me tienes que salvar el pellejo tú a mi. Me vas a escribir tres articulitos bien documentados y argumentados sobre estos tres temitas y luego los vas a borrar de tu mente, por si caen en el examen, ya que yo, me los voy a aprender como un papagayo. POR FAVOR”.
Recuerdo que Josema los escribió (eso es un amigo) y yo (tras retocarlos un poquito y adaptarlos a un estilo más mío, es decir, con tildes y comas) me los aprendí; pero no recuerdo si me los pusieron en el examen… juro que no lo recuerdo.
El caso es que hoy, que me disponía yo a hablaros de deportes, me he acordado de esta anécdota y es que cualquiera, que me conozca un poquito, no se creería que hubo un tiempo en que yo no sabía lo que era Rolland Garros. Sin embargo, lo hubo. Pero es que entonces, no participaba el monstruo del tenis, ya que el muchacho aún no tenía edad. Me refiero, POR SUPUESTO, a Rafa Nadal.
Pues bien, esta mañana, en mi lectura del periódico matinal, me ha sacado de mis casillas un periodista que titulaba su artículo, sobre el partido de Rafa de ayer, con el siguiente texto: “Rafa Nadal despierta a tiempo”. Agggggggggg… Vamos a ver, señor periodista, ¿me puede decir usted cuando se había dormido Rafa Nadal?. Esto de que hay que impactar con los titulares me lo sé yo desde hace mucho, pero… por favor, señor periodista, tonterías, las justas. ¿No aprobaría usted aprendiéndose artículos de memoria que le escribiese otro, no?.
Pues no, queridos lectores, Rafa Nadal no se durmió en el partido. Estuvo épico, como siempre. Se fue creciendo según avanzaba el partido, como casi siempre (a veces, va crecido desde el principio), se peleó un poquito con el saque de Roddick (226 Km/h) y venció porque fue el mejor. Y no vayáis a pensar que no soy objetiva porque tengo un dato que lo demuestra: es el nº 1.
Por cierto, hoy ha recibido el premio por ello. ¡Enhorabuena campeón!
martes, 23 de noviembre de 2010
Con calma...
1- Una cocina completa, es decir, con todos los electrodomésticos y utensilios que se hayan inventado (o estén en pruebas) para facilitar (o evitar) las tareas domésticas. Por cierto, el robot de cocina no está lo suficientemente logrado (que no os engañen), no te recibe con la mesa puesta (ni luego la quita). Alguien debería invertir en mejorarlo.
2- Dos baños. Vale, ya se que somos dos en casa, pero me explico. Quiero tener mi baño porque la que escribe, en su infancia, he llegado a compartir baño hasta con 7 personas y eso marca (marca mogollón).
3- Un dormitorio básico. No hace falta que cumpla las condiciones del feng shui, ni de la física cuántica, porque normalmente cuando estoy en el dormitorio duermo, y cuando duermo, ya se encarga mi subconsciente de decorar mis sueños.
4- Dos televisiones (irrenunciable). Yo nunca (jamás en la vida) deseo ver la liga española (ahora del BBVA), ni la inglesa, ni la de 3ª regional, ni la UEFA, ni la Champion League… (mejor voy a resumir) ni ninguna liga. Ni tampoco tengo interés alguno en los resúmenes de las ligas, ni en el día antes, ni en el día después…. Por eso, en estos momentos tan “pelotudos” lo mejor es “tu al “salón” y yo al dormitorio” y así, la felicidad reina en mi hogar.
¿He dicho “salón”?. Esto es lo que tiene ponerse literaria… en realidad, tendría que haber hablado de mi “salita”, es decir, habitación pequeñita, con su sofacito, su mesita, su bibliotequita y, por supuesto, su televisioncita. Y es que la realidad es que, mi vivienda habitual, nunca ha sido mi prioridad. A mi lo que me gustaba era utilizarla (cero sentimientos) y salir de ella (siempre que podía) para irme a recorrer mundo. Soñaba con que el día en que me interesase por ella, me iría a El Corte Inglés, al Rincón del Decorador o como se llame y le diría al dependiente, aquí tiene el plano de mi salón, en dos días quiero unas propuestas.
Y es que a mi eso de comprar lámparas, jarrones, cuadros, vitrinas, figuritas, alfombras… etc, nunca me ha parecido una buena forma de invertir mi tiempo. Quizás por eso, el tiempo ha ido pasando y el salón de mi casa (o mejor dicho, la habitación destinada a ser salón) se ha convertido en un glamoroso trastero. Y es que, como buena madrileña, soy chula, chula… y no me supera ni un vecino. Tengo el mejor trastero de la comunidad. Cualquier día me llaman los del programa ese de ¿Quién vive ahí? para el reportaje del siglo.
El caso es que no se si será por culpa del no uso del feng shui, por la física cuántica o por Freud, pero mis sueños se quedaron atrapados en el subconsciente, y ahora que quiero comprarme un salón ha tenido que ser el consciente el que se ha ido esta tarde a recorrer tiendas de muebles con metro y calculadora en mano. Sin embargo, me lo he pasado muy bien, especialmente, cuando uno de los chicos que me ha atendido me ha dicho “estas cosas hay que pensárselas bien, tómeselo con calma”. Le he mirado y le he dicho, “tu tranquilo, que con calma me lo estoy tomando”…
jueves, 18 de noviembre de 2010
Tremendo documento
Llevo tres semanas haciendo caso omiso al documento del que voy a hablaros hoy. Cuando lo recibí por primera vez lo leí, me reí un rato y lo envíe a la papelera de reciclaje. No se me ocurrió ni comentarlo, ni mucho menos remitirlo a nadie, pero cuando hoy ha llegado a mi correo por enésima vez, me he dado cuenta que el documento provocar interés, provoca, por lo que he decidido expresar mi opinión al respecto. Y es que hay días como ayer, que me iría al pasado sin pensarlo, y otros días, como hoy, que me alegro de vivir en el siglo XXI.
Aquí esta, os presento la guía para la buena esposa… http://www.youtube.com/watch?v=mGLNOF95v_Q
¿Cómo se os queda el cuerpo? Como diría una amiga mía “se me ponen los pelos como escarpias”. Y es que, como la que escribe no se ha casado, quizás está falta de formación, pero como soy esposa en funciones, tengo algunas cositas que decir, aunque voy a ir por partes:
1. Ten lista la cena. Esta es una forma de dejarle saber que has estado pensando en él y que te preocupan sus necesidades. La mayoría de los hombres están hambrientos cuando llegan a casa. Lo lamento, no tengo ni idea de si mi marido llega hambriento a casa porque él llega antes que yo. Descartado.
2. Luce hermosa. Retoca tu maquillaje, ponte un listón en el cabello y luce lo mejor posible para él. Recuerda que ha tenido un día duro y solo ha tratado con compañeros de trabajo. ¿Perdón? Esta insinuando que necesito maquillaje para lucir hermosa. El listón no me lo puedo poner, no sé lo que es. Y, por cierto ¿qué ha pasado con sus compañerAs?...
3. Se dulce e interesante. Su aburrido día de trabajo quizá necesite mejorar. Tu debes hacer todo lo posible por mejorarlo. ¿Interesante? No se yo si voy a ser capaz.
4.Arregla tu casa. Haz una última ronda por las principales áreas de tu casa, justo antes de que tu marido llegue. Levanta libros, juguetes, etc. Y limpia con un plumero las mesas. (prestar atención a la foto de este punto, es increíble). Por cierto, ¿la última ronda????, ¿cuántas hay que hacer?...
5. Hazlo sentir en el paraíso. Después de todo, cuidar de su comodidad te hará sentir una enorme satisfacción personal. Que guay! Mañana lo pruebo.
6. Prepara a los niños. Este me lo salto, de momento, no tengo que preocuparme por esto…
7. Minimiza el ruido. A la hora de su llegada apaga lavadora, secadora y aspiradora e intenta que los niños estén callados. A mi me parece mucho mejor que las encienda él, podré soportar el ruido y seguro que me provocará una enorme satisfacción personal.
8. Procura verte feliz. Regálale una gran sonrisa y muestra sinceridad en tu deseo de complacerlo. ¿Ahora me llama mentirosa? Este hombre (porque seguro que el autor es un hombre) es mi ídolo.
9. Escúchalo. Déjalo hablar antes, recuerda que sus temas son más importantes que los tuyos. ¿Y si está viendo el futbol qué hago?. ¿Le acompaño y grito los goles?.
10. Ponte en sus zapatos. No te quejes si llega tarde, si va a divertirse sin ti o si no llega en toda la noche. Trata de comprender su mundo de compromisos. Esta me ha convencido, me pongo los zapatos y me voy yo toda la noche.
11. No te quejes. Cualquier problema tuyo es un pequeño detalle con lo que el tuvo que pasar. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA…Que me ahogo… Sin comentarios.
Moraleja: Una buena esposa siempre sabe cual es su lugar. La gran frase viene acompañada con foto de una mujer con su aspiradora. ¿Será una indirecta?...
Esto debía ser de la época en la que los príncipes azules venían con caballo blanco y con castillo, pero ¿qué puedo decir?. Yo me quedo tan contenta con mi hipoteca, que esto no lo firmo, ni por un castillo.
Para que os lo toméis con humor, os dejo esta canción antes de irme. http://www.youtube.com/watch?v=3Tk5Sk7pLq0
miércoles, 17 de noviembre de 2010
¿Quien es?
¿Cómo es posible que en algún momento de mi vida haya ido yo por todas partes sin mi móvil? ¿Podría vivir ahora sin él?... pues bueno, poder, podría, porque el aparato en cuestión no se puede considerar un bien de primera necesidad, es decir, no me moriría sin móvil, ahora bien, todo sería bastante más complicado.
Haciendo un ejercicio de memoria y unos cuantos cálculos mentales (aunque no rápidos) me he dado cuenta que he vivido más años sin un móvil pegado a mí, que al revés, e incluso se me han venido a la cabeza, en un ataque de romanticismo mañanero, muchos momentos vividos de aquellos maravillosos años.
He recordado tiempos en los que salía del colegio a toda velocidad para plantarme delante del teléfono (fijo) y adueñarme de él en plan recepcionista, para evitar que esa línea comunicara cuando llamara el supuesto príncipe azul que tuviera en mente en ese momento y para, inmediatamente después, llamar yo a mis amigas para contarlo todo. He recordado cuando llegaba la factura del teléfono y me caían las broncas del siglo, momento en el que yo soñaba con ser una ejecutiva agresiva que pudiera llamar por teléfono a todas horas sin que nadie tuviera que pagar mis facturas (hay que fastidiarse las cosas que sueña una a veces). Sin embargo, ahora (x años después, que no me voy a poner a contarlos) me comprometo a no usar el teléfono, si alguien se brinda a pagarme las facturas. Pero todas, por favor.
He recordado las colas en la cabina de la esquina de la playa del Cura, lugar donde mi madre me tenía que llevar a regañadientes a veranear, para llamar al que finalmente si fue mi príncipe azul, aunque apareció sin caballo blanco y sin castillo (y entonces tuvimos que firmar una hipoteca). He parado un momento para pensar que ahora mi madre ya no tendría que hacer ningún esfuerzo para llevarme a la playa. ¡Que hija tan tonta era yo!.
También he recordado con cierta nostalgia cuando se respondía al teléfono diciendo “¿quién es?” y la incertidumbre momentánea te hacía temblar de emoción. Claro que, ahora no espero las llamadas con emoción, y no precisamente porque ahora sepa quien esta al otro lado… Más bien porque no me imagino emocionándome pensando ¿será un proveedor?, ¿será mi madre?, ¿será mi jefa?, ¿será mi príncipe azul sin caballo blanco?...
En fin, esto de que la vida avance tan rápido como la tecnología no me termina a mi de convencer, porque es verdad que me cuesta imaginarme la vida sin móvil, pero no me costaría nada vivir una vida sin hipoteca, sin facturas que pagar, creyendo en príncipes azules con caballo + castillo y llamándoles desde la cabina de la playa.
sábado, 13 de noviembre de 2010
He dicho
El comentario, obviamente, estaba escrito por alguien que no tiene, precisamente, cariño por los fumadores y que intentando ser “gracioso/a” era bastante desagradable, haciendo alusiones a nichos o cámaras de gas. Por tanto, después de pensarlo mucho, decidí eliminarlo y después, me quedé tan contenta restringiendo los comentarios y evitando a los anónimos. Al fin y al cabo, dejar poner comentarios en tu blog a cualquiera es lo mismo que dejar la puerta abierta de tu casa, así que tampoco me consideréis una fan de la censura, que DE ESO NADA.
Sin embargo, me ha dado pena.
Me ha dado pena porque me encanta que exista pluralidad de opiniones y me gusta debatir. No pienso, en absoluto, que mis opiniones representen verdades absolutas y, si las expreso, me parece perfecto que alguien me lleve la contraria. Eso si, espero, como mínimo, que quien lo haga, aporte argumentos o, al menos, lo haga de buenas formas.
Y, quiero subrayar el asunto de las formas porque es ahí donde, para mi, esta la diferencia. Claro que, muchas veces en la vida, me han dicho que me paso de diplomática y que debería “enseñar los dientes” de vez en cuando, pero para hablaros de esto, necesitaría más de un post, mucho más, casi me atrevo a decir que sobre ese tema, hasta podría escribir un libro. Así que no me voy a dispersar más y voy a concluir, dejando constancia en este espacio, que si alguna vez elimino un comentario de este blog no será porque este en contra de mis opiniones ,sino porque yo siempre pensaré que lo importante no es lo que se dice, sino cómo se dice, y si se dice mal, no será aquí donde se diga.
domingo, 7 de noviembre de 2010
El lamentable destino del fumador español
Aunque soy la única fumadora de este cuarteto, mis compañeros de cena fueron buenos conmigo y cenamos en la sala de fumadores. Agradezco profundamente que éste, no fuera en uno de esos sitios donde esta zona es un cubículo diminuto, cerrado a cal y canto, en los cuales entrar da cierta grima, y es que una es fumadora pero tiene cierta necesidad (irrenunciable) a respirar con facilidad, por lo que prefiere no fumar que encerrarse en un cenicero gigante. Estuvimos allí entre la cena y la sobremesa tres horitas y me fumé exactamente dos cigarritos (no creo yo que sea para quemarme en la hoguera, pero bueno).
Después nos bajamos al escenario a tomarnos una copa y fue ahí donde descubrí el lamentable destino que nos espera a los fumadores españoles. No se podía fumar. Me parece perfecto que no se pueda fumar en las oficinas, en los hospitales, en lugares para niños e, incluso en restaurantes, ya que entiendo perfectamente que a la gente mientras come le puede molestar el tabaco, pero, sinceramente, no entiendo que no se pueda fumar en un bar de copas. Es muy triste que si quieres fumar te tengas que salir a la calle y esconderte en una esquina (donde, por cierto, te pueden confundir con otra cosa). Y es que puestos así, casi prefiero que prohíban el tabaco, pero ¿por qué si el tabaco es legal, me colocan un imaginario cartel en la frente de “apestada”?. Intereses económicos y políticos, quizás... ¡¡¡Me sienta fatal!!!.
En definitiva, que la que escribe no se va a poner en la esquina de un bar a fumar sola y además en un par de meses, a lo mejor tampoco me dejan… por eso tengo que elegir, irremediablemente, entre las siguientes opciones:
- Aguantar como una jabata hasta llegar a la republica independiente de mi casa.
- Tomarme las copas en la republica independiente de mi casa.
- Dejar de fumar y, ya de paso, reducir mi riesgo de morir porque ya hace años que las autoridades sanitarias me advierten que fumar mata.
Sin embargo, siendo consciente de la realidad de este país, la mejor opción va a ser escribir a Belén Esteban y pedirle que deje de luchar por la legalización de la marihuana y se centre en conseguir bares de copas donde nos permitan fumar nicotina.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Soy naranja
La cuestión es que tenía delante una página completa teñida de naranja que decía “la maravillosa pulsera naranja”, y entonces, me he despertado.
Me he despertado y me he puesto de los nervios, que si no me lo puedo creer, que si como engañan a la gente, que si hay que fastidiarse que chorradas... etc, pero, no se porqué, he seguido leyendo y me he encontrado lo siguiente:
Con esta pulsera no tendrá más equilibrio
Ni más fuerza y, por supuesto, tampoco podrá levitar.
Ni correr más rápido.
Ni aumentar su capacidad respiratoria
Pero con ella podrá conseguir el viaje de sus sueños y magníficos regalos.
Entre en soynaranja.com
Ya despierta del todo y casi llorando de risa he pensado... ¿qué demonios será esto? y es que eso de asociar el color naranja a una marca ya no es tan fácil, ahora hay muchos naranjas sueltos por el mundo: Orange, Bankinter, la mejornaranja.com… etc. Pero no, tenían que ser ING, los de la cuenta naranja, los que utilizaban un banco naranja en el parque para decirnos que eran un banco (naranja), los de Matias Prats (que hubiera estado genial verlo vestido con un traje naranja), los de los silbiditos y los de… “ya lo sabíaaaa”. Y es que esta gente (sepa el lector que no tengo acciones, que una no tiene capital para invertir) sabe llegar al público, y, por eso, los envidio, porque son originales, divertidos y llaman la atención.
En conclusión, yo cuando sea mayor quiero ser naranja y, ya que estamos, quiero estar satisfecha con mi sueldo.
A mis nuevos lectores...
martes, 2 de noviembre de 2010
Vuelta al cole
Luego llegarían las calificaciones de niña mayor, desde el muy deficiente hasta el sobresaliente, y yo que, según los test que nos hacían en el cole, era una “vaga pero inteligente” me aficioné a los “muy deficientes” hasta que me harté de pasar veranos estudiando. Esto pasaría concretamente en 6º de EGB, cuando se acercaban las vacaciones y yo tenía unos cuantos exámenes finales a los que presentarme. Recordé que el verano anterior me lo había pasado entre el libro de lenguaje y el de sociales y dije… “nunca más”, así que decidí hincar los codos y aprobé todo (téngase en cuenta que tenía fuerzas en reserva después de tantos años haciendo el vago).
Desde entonces, cambié y me volví estudiosa (que no empollona). Porque viendo que me había funcionado bien aquel sprint final de 6º de EGB, me aficioné a vivir “al límite” todos los años de estudiante de mi vida. Así que fueron años de aprobar a base de palizas de última hora y de muchas noches sin dormir, con muuuucho café (hasta que se inventó el red bull). De la selectividad, mejor no hablo.
Donde si daba la talla y me dejaba mis energías era en los trabajos. Me encantaba investigar, esforzarme en la presentación y, sobre todo, ser diferente (bueno lo que quería, en realidad, era ser la mejor, que tengo, de vez en cuando, mi ramalazo competitivo). Recuerdo con mucho cariño un trabajo en equipo, en bachillerato, que iba sobre la guerra del golfo pérsico, y lo recuerdo porque, cambió mi vida, pues la que escribe estaba empeñada en estudiar ciencias (más concretamente, farmacia), que no me preguntéis porqué, pero yo de mayor quería vender ibuprofenos. Y, de repente, esté trabajo llegó a mi vida. No se si la idea fue mía, pero la cuestión es que lo presentamos en formato telediario, y lo que si sé es que, hice de cámara, de reportera, de presentadora, de redactora, de productora y de directora (aunque con ayuda, por supuesto). Mis amigas y yo nos colamos en unas obras en Madrid y nos convertimos en corresponsales de guerra, y, como ya estará imaginando el lector, así descubrí mi vocación: había nacido para informar.
Y si, informar, de algo informo, pero nadie me paga por ello (todavía), porque la vida da muchas vueltas y, en una de ellas, una empresa se cruzó en mi vida, cuando aún no había terminado de estudiar, y me dio la oportunidad de hacer cosas que consiguieron entusiasmarme por lo que ahí sigo, dejándole el camino libre a Sara Carbonero (entre otras) y, curiosamente, volviendo a estudiar, aunque ahora ya no estoy para sprints....
Por eso hoy, que me he sentido como a los 16 años (no tenía un espejo delante, obviamente) entre apuntes, bolis y subrayadores, he recordado todo esto y he querido compartirlo.