En mi fin de semana zen he dedicado unas cuantas horas, mientras los trenes me llevaban de un sitio a otro, a leer. Me encanta leer, aunque no le dedico todo el tiempo que me gustaría. Eso sí, como un libro me enganche no puedo parar y me convierto en una mujer pegada a un libro hasta que lo termino. Me lo llevo conmigo a todas partes y paso noches sin dormir, por eso, aprovecho las vacaciones o mini vacaciones para dedicarle horas a este vicio mío.
Según se encuentren mis revoluciones, me apasiona una literatura u otra y no tengo ningún inconveniente en dejarme libros a medias, si la historia no me convence o no se cruza conmigo en el momento adecuado. Sin embargo, juego con ventaja. Mi ventaja es un chavalito de 24 años que desde que nació, es mi sobrino, y que, desde meses antes del evento, ya me tenía bastante ganada. No se si esta pasión desmedida que tengo por el chaval me ciega o no, y tampoco me importa porque la pienso seguir teniendo, pero la verdad es que, desde que ha cogido la costumbre de regalarme libros (elegidos especialmente para mi), me he dado cuenta que nunca dejara de impresionarme. No ha habido libro que me haya regalado que no me haya fundido en menos de tres días.
Esta vez me ha sorprendido con la primera novela de John Kennedy Toole (más conocido por “La Conjura de los necios”) que se titula “La Biblia de neón”. Ya la introducción te desgarra cuando nos habla de la trágica muerte del autor a sus treinta y un años (suicidio) y de los esfuerzos de su madre, primero, por lograr la publicación de “La Conjura…” y, después, por evitar la publicación de “La Biblia…”; pero la novela, aunque menos dura por no estar basada en hechos reales, te hace reír y te hace llorar, consiguiendo que cierres el libro con alguna frase hecha del tipo ¡madre mía!.
A través de la historia de David, un niño que llega a adolescente sin muchas alegrías en su vida, el autor trata temas tan profundos como el fanatismo, la excentricidad o el fracaso. A mi personalmente me ha ayudado a no olvidar que los extremos nunca son buenos porque siempre, o casi siempre, hacen daño a alguien. Por eso hoy, aparte de recomendar esta lectura a quien esté al otro lado, me despido con una de mis frases favoritas “en el término medio está la virtud”. Ya lo decía Descartes.
Odio tus findes asi, mas que nada por egoismo.
ResponderEliminarEse chavalito que te tiene ganada, que haga el favor de salir a la palestra que seguro tiene mucho que decir!!!!