jueves, 23 de septiembre de 2010

"Aniceto, el vencecanguelos"

No me acuerdo muy bien si este fue o no el primer libro que leí en mi infancia, pero el título se me quedó grabado en la mente. Probablemente, me llamó la atención por el nombre del protagonista, seguramente pensé que el pobre tendría unos simpáticos compañeritos de colegio, sin crueldad ninguna, que despertarían su creatividad futura con un sinfín de originalidad y yo que, en aquella época, vivía este tipo de torturas, me solidarizaría con el chaval.

Estoy convencida de que en nuestra infancia todo el mundo hemos sufrido alguna crueldad de este tipo, bien por tu nombre, o por tu apellido, bien por tu físico o por yo que se que. Pero estas “crueldadades”, a día de hoy, se me antojan graciosas. Me encantaría tener un compañerito de trabajo (de esos que caen bastante mal) que se llamara Aniceto y, de vez en cuando, soltarle la gracia… ¡Que te meto, Aniceto!.

En cualquier caso y volviendo al tema, estoy segura que no he olvidado el libro en cuestión porque también me gustaba la idea de “vencer canguelos”. Así es la vida, la que escribe, siempre ha sido bastante miedosilla.

Esta noche mi chico se ha ido de cena de trabajo y, la verdad, he de decir que no aprendí nada de Aniceto porque, a mis treinta y cuatro añazos, me sigue sin molar nada la idea de dormir SOLA EN CASA.

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