Allá por los años 80 un monstruo, feo con ganas, era el encargado de mandar a los niños a dormir. Por si no le recordáis o por si no le conocéis aquí os dejo el documento que lo demuestra.
http://www.youtube.com/watch?v=wbfQ71hMr_k
Gracias a este espantoso ser (que por mi condición de teleadicta de nacimiento, veía todos los días) y, gracias también, al increíble ingenio de alguna de mis compañeras de cole, yo tuve mi primer mote. Si señores, me llamaban “Casimira”. Afortunadamente para mi este sobrenombre no se me asoció porque me encontrarán cierto parecido físico con Casimiro (o eso he querido pensar siempre), la razón parecía tener más relación con que mi nombre también empieza por Casi, sin embargo, fuera por lo que fuese, a mi no me gustaba. No me gustaba nada de nada.
Pase toda mi infancia con el firme convencimiento de que el día que cumpliera los 18 años, iría al registro mundial de los nombres de las personas a cambiármelo. Yo quería tener un nombre normal, llamarme Maria y que la profesora tuviera que decir mi apellido al pasar lista para distinguirme de las otras diez Marías. Claro que, cuando imaginé la escena, me di cuenta que si me cambiaba el nombre, me metía en un lío peor. Y es que mi apellido sumado a mi nuevo nombre prometía brotes de ingenio desmedido. Os imagináis que hubiera pasado cuando la profesora hubiese dicho ¿María de la Hoz?
Así que la idea empezó a perder fuerza y, cuando llegó el momento, se me había pasado la neura y mi nombre se quedó como estaba. No tardé mucho en descubrir que el ingenio se agudiza por un sinfín de razones y llegaron momentos mucho menos simpáticos, claro que, para entonces, me pillaron más espabilada y entonces yo también sacaba mi ingenio a pasear.
Lo bueno es que con cierta edad todo se ve de otra manera y hoy me he sorprendido dirigiéndome a mi misma por mi mote actual. Y es que esta mañana, como todas las mañanas de mi vida, iba yo con el agua al cuello para llegar puntual a una reunión y entonces, mientras me enfundaba los pantalones me he dicho “vamos velociraptor*, vaaaaaamos ...”.
Nota*: Velociraptor es una irónica, a la par que simpática, mezcla de conceptos asociados a mi. Dinosauria, que no por la edad (que conste) sino por la antiguedad en la empresa donde trabajo y Veloz, porque, como ya he comentado en alguna ocasión, no me gusta correr.
jajajaja, y navegando por el link sale un globo, dos globos...que enanos inocentes eramos, alguno seguimos igual de bajitos, que pena no tener la misma inocencia.
ResponderEliminarSi, amiga no cambies nada y mucho menos tu apellido, te necesito como eres. Gracias por enseñarme todo lo que me enseñas, espero no defraudarte. Bszosss