martes, 21 de septiembre de 2010

Perder el tren

Me encanta esta frase. Así, escrita en un titular, sin incluirla en un contexto, son tres palabras que dan mucho que pensar. Perder un tren siempre parece algo dramático que, además, suele asociarse con una pérdida de tiempo o de oportunidades, sin embargo, yo prefiero pensar que son caprichos del destino y que éste siempre girará a nuestro favor, así que cuando pierdo un tren, me convenzo de que ha pasado lo que tenía que pasar y, que el destino ha querido que viaje en el siguiente. De hecho, puedo asegurar que más de una vez en mi vida me he alegrado (y mucho) de haber perdido un tren. Imposible no mencionar el fatídico 11 de marzo de 2004, día en el que nunca olvidaré que se me pegaron las sábanas y perdí el tren. Ojala, todas las víctimas hubieran perdido esos trenes...
Hoy, cuando estaba a unos 200 metros del tren, han empezado a sonar esos malditos pitiditos que te anuncian, de forma inminente, que vas a perder el tren y entonces he tenido que tomar una decisión, correr o no correr. Siendo consecuente con mi promesa de no vivir deprisa y teniendo en cuenta la posibilidad de caerme y quedarme sin dientes, he decidido no correr. Por eso, mientras espero el siguiente, estoy aprovechando para escribir esta reflexión.

Pero, como tampoco pretendo engañar a nadie, debo reconocer que mi decisión no estaría nunca, ni cercana, al otro extremo de esta imaginaria línea. ¿Qué puedo decir? No me gusta correr.

1 comentario:

  1. JAJAJAJAJA Muy muy muy bueno, ¿como lo consigues? me haces llorar y al rato reir...y tengo que escribirte que no espero que no me hagas temblar. JAJAJAJA.
    Leyendo estaba escuchando el pito del tren y pensaba ¿pero si no viene en tren? no entiendo nada...será cosa de artistas!!!

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