Como estudiante he tenido una vida llena de altibajos. Los de mi generación estudiábamos aquello que se conocía como EGB, donde nuestras primeras calificaciones se repartían entre Progresa Adecuadamente, Necesita Mejorar o Destaca. Si no recuerdo mal, yo solía ser una estudiante de progresa adecuadamente (es decir, del montón), aunque algún destaca tuve y, si, lo reconozco, también algún necesita mejorar…
Luego llegarían las calificaciones de niña mayor, desde el muy deficiente hasta el sobresaliente, y yo que, según los test que nos hacían en el cole, era una “vaga pero inteligente” me aficioné a los “muy deficientes” hasta que me harté de pasar veranos estudiando. Esto pasaría concretamente en 6º de EGB, cuando se acercaban las vacaciones y yo tenía unos cuantos exámenes finales a los que presentarme. Recordé que el verano anterior me lo había pasado entre el libro de lenguaje y el de sociales y dije… “nunca más”, así que decidí hincar los codos y aprobé todo (téngase en cuenta que tenía fuerzas en reserva después de tantos años haciendo el vago).
Desde entonces, cambié y me volví estudiosa (que no empollona). Porque viendo que me había funcionado bien aquel sprint final de 6º de EGB, me aficioné a vivir “al límite” todos los años de estudiante de mi vida. Así que fueron años de aprobar a base de palizas de última hora y de muchas noches sin dormir, con muuuucho café (hasta que se inventó el red bull). De la selectividad, mejor no hablo.
Donde si daba la talla y me dejaba mis energías era en los trabajos. Me encantaba investigar, esforzarme en la presentación y, sobre todo, ser diferente (bueno lo que quería, en realidad, era ser la mejor, que tengo, de vez en cuando, mi ramalazo competitivo). Recuerdo con mucho cariño un trabajo en equipo, en bachillerato, que iba sobre la guerra del golfo pérsico, y lo recuerdo porque, cambió mi vida, pues la que escribe estaba empeñada en estudiar ciencias (más concretamente, farmacia), que no me preguntéis porqué, pero yo de mayor quería vender ibuprofenos. Y, de repente, esté trabajo llegó a mi vida. No se si la idea fue mía, pero la cuestión es que lo presentamos en formato telediario, y lo que si sé es que, hice de cámara, de reportera, de presentadora, de redactora, de productora y de directora (aunque con ayuda, por supuesto). Mis amigas y yo nos colamos en unas obras en Madrid y nos convertimos en corresponsales de guerra, y, como ya estará imaginando el lector, así descubrí mi vocación: había nacido para informar.
Y si, informar, de algo informo, pero nadie me paga por ello (todavía), porque la vida da muchas vueltas y, en una de ellas, una empresa se cruzó en mi vida, cuando aún no había terminado de estudiar, y me dio la oportunidad de hacer cosas que consiguieron entusiasmarme por lo que ahí sigo, dejándole el camino libre a Sara Carbonero (entre otras) y, curiosamente, volviendo a estudiar, aunque ahora ya no estoy para sprints....
Por eso hoy, que me he sentido como a los 16 años (no tenía un espejo delante, obviamente) entre apuntes, bolis y subrayadores, he recordado todo esto y he querido compartirlo.
todo esto...¿sin escuchar a los hombres G? ¿el subrayador de color rosa?...Sara Carbonero,¿no hay mas....? no, no contestes...¿llevarás jersey (o por las horas pijama) a rayas?.....AMIGA!!!! Pensé que estabas en PA pero NM.
ResponderEliminar¿o siguen siendo artimañas?
URGE momento MOJITO!!!!! la cosa se pone "pija"
Querida amiga!
ResponderEliminarJAJAJA...Como me temía no se ha entendido el mensaje subliminal del parrafo infernal dedicado a hombres g "era mejor quedarse con lo escuchado", que significa que ya no los escucho tanto... pero no me arrepiento de NADA. Que conste!
Si, el subrayador es rosa, aunque con el pestiño que me estoy estudiando me voy a cambiar al verde esperanza.
El pijama es de cuadros, verdes también, por cierto.
No admito comentarios sobre mis NM. No castigues la sinceridad "literaria" del autor.
URGE MOJITO, YA TE DIGO QUE URGE!.
Señora Ministra: Fecha y hora.
ResponderEliminarTodo verde, señor si señor...hasta el mojito lo veo, lo veo....